Archivo marzo 2010

bebe ver tele No comer y ver la tele
Muchos niños tienen la costumbre de comer viendo la tele. Esto favorece la elección de alimentos menos saludables y la ingesta de mayores cantidades. Utilizar la tele para conseguir que niños y adolescentes coman no es buena opción. Es un recurso que reduce la alimentación fomentando hábitos poco saludables. Cuando son pequeños es importante enseñarles a comer bien, de una forma sana, como consecuencia de una buena educación y de cumplir con una serie de normas. El momento de desayunar, comer, merendar o cenar se puede aprovechar para hablar en familia, comentar las experiencias vividas, hablar sobre la actualidad, pero todo se puede hacer con la televisión cerrada.

Se ha demostrado que a mayor cantidad de horas de televisión consumidas, mayor es la tasa de sedentarismo, obesidad y falta de nutrición. Comer es una actividad básica para alimentarnos, crecer y estar fuertes. Supeditarla a hacerlo delante de la televisión la reduce a una acción secundaria, lo que le hace perder importancia. Muchos padres la utilizan como reproductor de imágenes para lograr que los hijos estén entretenidos y se vayan metiendo la comida en la boca. Pero llega un momento que lo hacen casi inconscientemente. Están más atentos a la pantalla que al plato de comida. Grave error que tendrá consecuencias importantes cuando sea adulto. Hay que estar alerta y ser conscientes de que comer y ver la tele a la vez es un mal hábito, se puede hacer puntualmente, pero que no se convierta en una costumbre indispensable. Primero se come y luego se mira la tele. Hay que dejarlo claro desde un buen principio.

bebes Cómo eliminar los ácaros del entorno del bebé
Los ácaros del polvo, aunque son invisibles para el ojo humano, son los principales responsables de las alergias en los bebés y niños pequeños. Conviven con nosotros en nuestras casas, nacen, anidan y proliferan en cojines, mantas, cortinas, alfombras… y especialmente en las camas y cunas, al ser estas frecuente depósito de minúsculos residuos de materias orgánicas. Aunque lavemos y sacudamos bien la ropa de cama de los pequeños y eliminemos la suciedad visible -pelos, por ejemplo- pueden quedar escamas de piel, de las que los parásitos se nutrirán.

Los ácaros prefieren vivir y reproducirse en ambientes cálidos y húmedos, por lo que tienen a multiplicarse especialmente en las estaciones de primavera y otoño, coincidiendo por eso en dichos meses del año con la mayor incidencia de las alergias en niños y mayores.

Los síntomas de un niño alérgico a los ácaros, en principio pueden asimilarse a los de cualquier otra alergia respiratoria: estornudos, nariz taponada… Si el niño sufriera además dermatitis atópica, podrían superponerse ambas patologís y podrían aparecer zonas de la piel enrojecidas o con heridas o pequeñas ampollas, ya que los ácaros intentarían colonizar las lesiones propias de la dermatitis.

¿Cómo podemos hacer desparecer a los ácaros del entorno de un niño alérgico?

    - Mantener las ventanas abiertas durante las limpiezas y ventilar la casa a diario
    - Intentar mantener una temperatura de 20ºC y una humedad no mayor al 40 %
    - Aspirar semanalmente el colchón de su cama o de su cuna
    - Utilizar fundas para los colchones y almohadas que puedan ser lavadas con frecuencia y que soporten temperaturas de unos 60º (a las que los ácaros mueren), e intentar que si el niño tiene juguetes de tela o de peluche estos puedan recibir el mismo tratamiento
    - Aplicar 2 o 3 veces por semana un spray acaricida, sin olvidar que los ácaros muertos pueden seguir provocando alergia, y que después de su uso es necesario aspirar la superficie sobre la que se ha utilizado

En resumen, una limpieza frecuente y cuidadosa disminuirá la concentración de ácaros en el ambiente doméstico, lo cual es beneficioso no sólo para los niños alérgicos sino para todos los habitantes de la vivienda.

aprendizaje Seguir aprendiendo en casa
Cuando la jornada escolar acaba, el aprendizaje no tiene por qué también hacerlo. Muchos padres deben ponerse al día en temas educacionales y seguir enseñando a los pequeños en casa normas y comportamientos que los pequeños asimilarán de manera natural. La educación en el hogar, era la única manera de aprender que los niños de principios del siglo XX tenían.

Aunque, ahora, el acceso escolar sea muchísimo más fácil, enseñar en casa no tiene por qué olvidarse. Los expertos aseguran, que seguir educando en casa facilita el aprendizaje de ciertas tareas que en el colegio no pueden poner en práctica, principalmente por el problema de la masificación. En algunos lugares del mundo, la violencia y el fácil acceso a las drogas, se han convertido en los grandes protagonistas de la vida escolar.

Si tú no estás plenamente cualificado para dar clases de refuerzo al pequeño en aquellas materias que más falla, puedes plantearte la contratación de un profesor particular. Lo más costoso, puede ser la inversión económica pero, piensa que las clases le vendrán muy bien para que consiga superar esos problemas que con el paso del tiempo le pueden afectar más. Cuanto antes consigan saltar ciertas barreras, menos esfuerzo necesitarán hacer en el futuro.

Las habilidades de socialización son muy importantes para el desarrollo general de tu hijo, así que tampoco le metas en casa todo el día para que siga estudiando. Debe tener tiempo libre para que pueda jugar con otros niños, de esta manera podrán continuar aprendiendo, aunque simplemente estén jugando con un balón.

bebeduerme El miedo a quedarse solo
Un bebé empieza a sentir miedo incluso desde sus primeros meses de vida, y uno de los primeros temores infantiles en manifestarse es el miedo a quedarse solo, que suele aparecer entre los 6 y los 12 meses. Es en esta franja de edad en la que el pequeño empieza a comprender y asimilar los conceptos del espacio y el tiempo, y en la que cualquier separación en la que no entienden “cuánto” de lejos se han ido mamá o papa o “cuánto” van a tardar en volver pueden general una tremenda ansiedad en el pequeño.

Un juego comúnmente utilizado para empezar a controlar este miedo a la “desaparición” paterna, es el de “cú-cú”: mientras el peque está con uno de los progenitores, el otro se esconde a su alcance y vuelve a aperecer a los pocos segundos, con un sonriente “cú-cú”, sin que haya dado tiempo a que el niño se haya asustado por la separación.

Cuando se “regrese” de una ausencia más prolongada, aunque se encuentre la niño llorando o preocupado, lo mejor es aparecer con la misma sonrisa y el mismo “cú-cú”, de tal manera que el bebé empiece a confiar y a entender que su mamá y su papá siempre vuelven.

Uno de los momentos en los que este miedo a la soledad puede empezar a originar un conflicto importante, es si el niño empieza a sentir miedo de dormir solo, especialmente si el miedo a quedarse solo se ve sumado al miedo a la oscuridad. Un buen truco para ayudarle a sobrellevar este miedo es inventar un ritual que cada día ayuda al niño a irse a la cama relajado y confiado.

La última media hora antes de dejarlo durmiendo sólo es preferible pasarla con él en la misma habitación en la que vaya a dormir, mimarlo, cantarle canciones y darle pacientemente las buenas noches a él y a sus juguetes preferidos, encargándonos de que sepa que todo lo que compone su vida diaria (los padres, los muñecos…) va a seguir ahí mientras duerme y va a reencontrarse con ello por la mañana.

comer Acostumbrar al niño a los nuevos sabores
Para los niños el desarrollo del gusto y la aceptación de los nuevos sabores son procesos lentos y delicados. Todos los sabores que el niño puede percibir derivan de la combinación fundamental de dulce, salado, amargo y ácido, y durante los primeros años, los niños suelen ser reticentes a aceptar sabores nuevos, sobre todo si son ácidos o amargos.

Como técnica de autoprotección innata, lo natural en los bebés es desconfiar, por lo que, cada vez que se ofrece al niño un sabor nuevo, lo analiza antes de aceptarlo; únicamente cuando su subconsciente aprende a catalogar que un sabor es “bueno” (y “está” bueno) adoptará una actitud más positiva hacia ese alimento.

Todos los niños aceptan de forma instintiva el sabor dulce y rechazan el amargo; muchos niños, incluso llegan a desarrollar en sus primeros años de vida una hipersensibilidad hacia lo amargo qye les hace rechazar grupos enteros de alimentos: la lechuga, los tomates… Debemos respetar esta sensibilidad, ya que si nosotros percibiéramos los sabores de la misma manera que ellos, actuaríamos de la misma manera. Estas sensaciones no son definitivas: un niño al que le desagrada lo ácido o lo amargo puede transformarse perfectamente en un adulto que coma de todo y disfrute por igual de todos los grupos de sabores.

Los platos nuevos es mejor presentárselos al niño siempre en primer lugar: se come más y mejor cuando se tiene hambre, y si ofrecemos al peque un guiso nuevo después de que haya comido ya un plato de otro conocido, la pereza le podrá y restará interés a sus ganas de comer.

Juntar un sabor que les guste con uno nuevo es un recurso con el que se pueden obtener buenos resultados, lo mismo que hacer atractiva la presentación con colores o formas divertidas (hasta el aspecto tremendamente insulso del arroz blanco puede mejorar en forma de corazón, o con una carita hecha con guisantes). Otro truco es involucrar a los niños en la preparación de sus platos: un plato nuevo les genera mucha menos desconfianza si han visto lo que lleva y como se hace que si les aparece sin más sobre la mesa.

alimentacion Los trastornos alimentarios se previenen en la primera infancia
“Mi hijo no come nada”, “sólo come bien lo que le gusta”, “si no le obligo solo come puré…”

Son frases que oímos con frecuencia a los padres –muchas veces angustiados- acerca de la alimentación de sus hijos pequeños. Todos los padres son conscientes de la importancia de la alimentación infantil, sin embargo, a veces conseguir que el niño coma equilibradamente parece una batalla imposible que acaba derivando en una rendición paterna (el niño acaba por comer exclusivamente lo que quiere y cuando quiere) o en una dudosa victoria obligando al pequeño a comer a la fuerza.

Muchos de estos problemas conducen a que los niños perciban una visión errónea de lo que es la alimentación; lo que con la llegada de la adolescencia puede llevarles a problemas mayores y graves. La alimentación es fuente de salud y energía, y como tal deberían haber llegado a entenderla al abandonar la niñez.

En la alimentación hay que educar con firmeza, pero educar con firmeza no es lo mismo que educar con rigidez, ni crear un ambiente tenso y malhumorado que convierta las horas de las comidas en un suplicio para padres e hijos. Con el niño que “come mal” hay que mantenerse recto pero dentro de un tono alegre y positivo, celebrando los logros y sin mostrar angustias ante los fracasos, como con cualquier otro aprendizaje que el niño tenga que llevar a cabo. ¿Reñiríamos a un peque a quien le está costando aprender a vestirse solo, por ejemplo? Pues con la alimentación lo mismo. Si un niño percibe actitudes negativas con la comida, tiene muchísimas más posibilidades de desarrollar en el futuro un trastorno relacionado con ella.

Ante la negativa de un niño a comer determinados alimentos, no conviene insistir cada día con ellos, ni mucho menos insistir durante varias comidas seguidas con el mismo alimento (“si no te lo comes lo tienes para cenar”), sino dárselos a probar de nuevo al cabo de un tiempo, a ser posible, preparados de otra manera.

El gusto de los bebés y de los niños va evolucionando y es algo que se educa a lo largo de toda la vida. Querer hacerlo de golpe y a la fuerza hace que la hora de la comida pierda su útil sentido de momento de comunicación familiar.

dientes Las caries en los bebés
Los bebés son susceptibles de padecer caries, y muchas veces no valoramos la importancia de la dentición de leche de cara al futuro dental de los pequeños. Si la dentición primaria se abandona y no se cuida adecuadamente, los niños pueden tener problemas que más tarde pueden llegar a afectar de forma permanente a su dentición definitiva. La evolución de una caries no tratada en un bebé puede provocar infecciones que se extiendan a otros órganos o partes del cuerpo, por lo que, si observamos una caries en un diente de leche del bebé no debemos restarle importancia, sino trasladar inmediatamente nuestra inquietud a su pediatra.

Las caries dentales son consecuencia de una infección: los dientes –tanto los de leche como los definitivos- brotan sanos y se infectan por una serie de circunstancias. Si la dentadura del bebé está sana y cuidada, los microbios responsables de este tipo de infecciones no podrán hacerle ningún daño a sus dientes, pero si descuidamos la limpieza, los restos de alimentos, sobre todo de azúcares, provoca que éstos gérmenes produzcan una placa bacteriana rica en ácidos, que corroen el esmalte y provocan que salga una caries.

chupete Las caries en los bebés
Una de las principales conductas a evitar, es la anacrónica pero socorrida costumbre de dar a los pequeños el chupete impregnado en azúcar o en miel cuando lloran para tranquilizarlos; y un detalle pequeño pero importante es no permitir que permanezcan más tiempo del necesario con el biberón en la boca o que incluso se queden dormidos con él.

No hay que olvidar que la dentición de leche en el caso de algunas de las piezas va a acompañar al niño hasta los 12 o 13 años; morder y masticar bien es importante para la alimentación del bebé y del niño, y poder hacerlo correctamente implica tener una dentadura sana.