
Los celos son una reacción normal y completamente natural entre hermanos, que suele tener su origen cuando uno de ellos siente que ha perdido la exclusividad con sus padres. Normalmente, los celos afectan al hijo mayor, quien deja de ser el “rey de la casa” cuando llega un hermanito y debe comenzar a compartir todo lo que antes era suyo. Además, deja de ser el centro de atención de padres, abuelos y tíos.
Padece un sentimiento similar al de la carencia afectiva. Por este motivo es bastante común que los celos surjan y en consecuencia, las peleas entre hermanos. Es en el hogar, la disputa por el amor y afecto de los padres adquiere una dimensión real entre los más pequeños. Mientras que no suele suceder lo mismo en otros lugares, en donde los hermanos suelen ser inseparables y se protegen mutuamente, como en las escuelas.
Los celos suelen centrarse en casa o en actividades en familia. El niño que se siente celoso se siente un tanto solo e insatisfecho, lo que muchas veces termina en una rabieta, llevada cabo para llamar la atención de los padres. En definitiva, su dolor se hace más grande al sentir que ha perdido el amor de sus padres y entonces lo manifiesta a través del enojo con su papá o mamá, envidia sana con respecto al hermano, llantos, berrinches y caprichos suelen ser comprensibles.
Es por eso que hay que encontrar la forma de que esos celos no le hagan cambiar de actitud, que siga siendo el mismo niño feliz y que a largo plazo estreche un fuerte vínculo con su hermano. Esta tarea es de vital importancia para los padres, que deberán establecer una relación diaria que evite causar celos entre la pareja. Los celos mal resueltos, pueden llegar a tener como consecuencia problemas de temperamento en el niño celoso. Todo dependerá de la posición que tomen los padres. Una buena actitud y ser comprensivos serán de gran ayuda.

Lo primero que debemos hacer como padres es escucharlos. Siempre se debe prestar atención a lo que dicen los niños para así tratar de entender lo que sienten y de ese modo poderlos ayudar de forma que se sientan apoyados. Para ello hay que respetar sus tiempos, darles seguridad y confianza. También conseguimos estimularlos para que puedan expresar con palabras sus sentimientos.
Como padres tenemos que ser imparciales. No podemos tener más afecto a un niño que al hermano porque esto se termina notando. Es clave tener una posición o actitud mediadora, para lograr establecer acuerdos junto a ellos para que aprendan a resolver sus conflictos. Otro punto a tener en cuenta es el de respetar y a la vez, enseñar a respetar las diferencias, evitando siempre las comparaciones entre hermanos, siendo muy cuidadosos en el trato que reciben en las cosas que hacen cada día.
Recuerda que cada ser humano y por lo tanto cada niño, es un ser individual con características propias, por lo que debemos poder identificar, aceptar y valorar sus capacidades. De nosotros depende su futuro. Siempre los tenemos que apoyar hagan lo que hagan, porque nunca dejaran de ser nuestros hijos, y en esta vida no hay nada más importante que ellos.


























































