Adaptación a la interculturalidad
La diversidad cultural es uno de los temas más importantes para los educadores. La sociedad actual se caracteriza por su gran multiculturalidad y el contacto constante con distintas culturas.

Cada vez más, las escuelas tienen mayor número de niños inmigrantes que ingresan en ellas. Es fundamental tener presente la enorme variedad de alumnos, así como sus diferentes niveles de aprendizaje, intereses y motivaciones… De hecho se crean situaciones potencialmente enriquecedoras pero también de una mayor complejidad.

Es necesario el diálogo con otras culturas, el respeto y la convivencia. Y es que la diversidad cultural también se puede entender como una manera de ampliar tus conocimientos sobre otros países y acabar con una de las peores lacras de la sociedad: el racismo.

Con el fin de abordar objetivamente esta realidad, hay que distinguir entre los denominados “extranjeros” y los “inmigrantes”.

El primer grupo se corresponde con todas aquellas personas que proceden del primer mundo (se refiere a los inmigrantes de países desarrollados que vienen a estudiar el idioma y se vuelven a su país). Concretamente este grupo no es tan criticado.

El segundo grupo hace alusión a las personas que proceden de países pobres o del “tercer mundo” (vienen de países subdesarrollados para ganarse la vida, sin vistas de regresar a su país). Este último grupo sí que sufre mayores problemas de adaptación social. Por ello, la educación intercultural debe dirigirse a todas las culturas de nuestro mundo y no sólo a un grupo específico.

Los procesos de adaptación de los menores se realizan a través de los centros educativos que se configuran como un elemento organizador de la educación y de la adaptación social de dichos alumnos mediante la educación intercultural. Hablamos de la igualdad de oportunidades, una educación de calidad para todos, que facilite a cada uno sus máximas posibilidades como persona.