Aprender a ser padres
Muchos se preguntarán cuáles son los requisitos primordiales para ser unos buenos padres. No hay reglas fijas… Cada progenitor enfoca la realidad de un modo concreto y cada hijo es un caso particular. Sin embargo, a través del uso correcto de las palabras y con el ejemplo se pueden obtener excelentes resultados.

Durante los primeros años de vida del niño la capacidad y la necesidad de desarrollo intelectual y de equilibrio afectivo están en juego. Por eso es conveniente establecer unas pautas de enseñanza repetitivas.

Siempre desde el respeto, los padres deben fijar el límite, la norma, la regla a cumplir, exponerla con claridad, serenidad y amor. Cuando las reglas son cumplidas por el menor, se valora el hecho con consecuencias positivas (aprobación social, abrazos, sonrisas). Pero si las normas son transgredidas las consecuencias que se elijan deben ir encaminadas a enseñar a corregir lo equivocado de su elección.

Educar en valores

El valor nace y se desarrolla en la familia cuando cada uno de los miembros asume con responsabilidad y alegrías el papel que le ha tocado desempeñar, procurando el bienestar, desarrollo y felicidad de los demás.

Se hará inevitable la disponibilidad al diálogo y a la convivencia, haciendo un esfuerzo por cultivar los valores en la persona misma, y así estar en condiciones de trasmitirlos y enseñarlos.

Los padres han de desechar el factor del egoísmo. Cuando en una familia impera el egoísmo, no se puede pretender que los hijos entiendan que deben ayudar, conversar y compartir tiempo con los demás.
Es importante recalcar que los valores se viven en casa y se trasmiten a los demás como forma natural de vida. Y se dan circunstancias en que los pequeños y jóvenes con ese sentido común tan característico pueden dar verdaderas lecciones de cómo vivirlos en los más mínimos detalles.