Bebés en la incubadora
Uno de los mejores inventos médicos que hay, a mi juicio, es la incubadora, un elemento sin el que muchos recién nacidos no podrían sobrevivir, especialmente los que nacen antes de tiempo. Las primeras incubadoras aparecieron en el siglo XIX y estaban inspiradas en las que se utilizaban para criar animales. Sus principales funciones son dar apoyo en la temperatura, proporcionar un ambiente estéril para evitar infecciones, facilitar la alimentación del bebé y facilitar el acceso de recursos especiales si fuera necesario.

Una incubadora es una caja transparente y rígida en la que un bebé puede permanecer en un ambiente que está siempre controlado por los servicios médicos y que cuenta con un dispositivo calentador para regular la temperatura y que el bebé esté siempre a gusto, un ventilador que hace circular el aire caliente, un recipiente de agua para conseguir un poquito de humedad, una válvula de control para poder acceder a elementos necesarios para el cuidado del bebé y un dispositivo de control para ayudar a regular la temperatura.

En la incubadora suelen estar los bebés prematuros que nacen antes de la semana 31 ya que la piel es muy finita y no está preparada para retener el calor, con lo que en la incubadora eso se regula hasta que el bebé pueda adaptarse a la temperatura por sí mismo, algo que empieza suceder a los 10 días del parto aunque cada bebé es diferente. También hay que decir que no todos los bebés prematuros van a la incubadora ya que si tiene riesgo de sufrir un paro respiratorio se le metería en una cuna radiante ya que recibiría mucho más calor.

Los bebés son muy inmaduros para regular de forma adecuada su temperatura corporal ya que tiene un sistema térmico muy pobre y con muy poquita capacidad para conservar el calor, por lo que es muy importante que pase por la incubadora para poder aprender a regularla de forma asistida.