
Aunque la mayoría de los niños comienzan a hablar alrededor de los 20 meses, hasta que cumplen los 24 no suelen pronunciar dos palabras seguidas conformando una frase. A partir de este momento los padres o tutores deben escuchar atentamente a sus hijos para averiguar si pronuncian correctamente.
Es cierto que al principio resulta gracioso escuchar a los críos decir “Yo sabo hacerlo” o “lo hicí yo sola”, pero los progenitores deben procurar corregirlos para evitar que continúen diciéndolo durante un período demasiado prolongado en el tiempo, ya que esto puede provocar que resulte más complicado cambiar las costumbres del pequeño.
Lo mismo ocurre con la letra “s” y, sobre todo, con la “r”. En cuanto a la primera, algunos niños, al comenzar a hablar, la pronuncian como el fonema [z], y dicen, por ejemplo “ezta ez mi caza”. Con la “r” ocurre algo parecido; el sonido suave suele resultarles sencillo pero el fuerte – a principio de palabra o con doble rr – es otra historia, y es habitual escuchar pero, en lugar de perro.
En ambos casos los padres no deben darle demasiada importancia cuando los niños están empezando a hablar, ya que, igual que le ocurre a un adulto cuando aprende otro idioma, para ellos es todo nuevo y deben aprender poco a poco. Además, al principio influye mucho el crecimiento de sus dientes, que puede provocarles una incorrecta pronunciación, sobre todo de la “s”.
Pero la cuestión cambia cuando el niño ya sabe hablar sin ayuda y construye frases correctamente. En ese momento, que suele darse a los tres años, los padres sí deben esforzarse en que el niño pronuncie correctamente ambas letras. La repetición es uno de los métodos que mejor funcionan, pero en caso de que no se logre el objetivo, debemos solicitar la ayuda de un logopeda o de un maestro en audición y lenguaje, que suele encontrarse en los colegios.




























































