22 abril 2010 · Desarrollo

pronunciarcorrecta Pronunciar correctamente
Aunque la mayoría de los niños comienzan a hablar alrededor de los 20 meses, hasta que cumplen los 24 no suelen pronunciar dos palabras seguidas conformando una frase. A partir de este momento los padres o tutores deben escuchar atentamente a sus hijos para averiguar si pronuncian correctamente.

Es cierto que al principio resulta gracioso escuchar a los críos decir “Yo sabo hacerlo” o “lo hicí yo sola”, pero los progenitores deben procurar corregirlos para evitar que continúen diciéndolo durante un período demasiado prolongado en el tiempo, ya que esto puede provocar que resulte más complicado cambiar las costumbres del pequeño.

Lo mismo ocurre con la letra “s” y, sobre todo, con la “r”. En cuanto a la primera, algunos niños, al comenzar a hablar, la pronuncian como el fonema [z], y dicen, por ejemplo “ezta ez mi caza”. Con la “r” ocurre algo parecido; el sonido suave suele resultarles sencillo pero el fuerte – a principio de palabra o con doble rr – es otra historia, y es habitual escuchar pero, en lugar de perro.

En ambos casos los padres no deben darle demasiada importancia cuando los niños están empezando a hablar, ya que, igual que le ocurre a un adulto cuando aprende otro idioma, para ellos es todo nuevo y deben aprender poco a poco. Además, al principio influye mucho el crecimiento de sus dientes, que puede provocarles una incorrecta pronunciación, sobre todo de la “s”.

Pero la cuestión cambia cuando el niño ya sabe hablar sin ayuda y construye frases correctamente. En ese momento, que suele darse a los tres años, los padres sí deben esforzarse en que el niño pronuncie correctamente ambas letras. La repetición es uno de los métodos que mejor funcionan, pero en caso de que no se logre el objetivo, debemos solicitar la ayuda de un logopeda o de un maestro en audición y lenguaje, que suele encontrarse en los colegios.

20 abril 2010 · Desarrollo

dificultadhablar Problemas para empezar a hablar
Uno de los momentos más felices que viven los padres – sobre todo los primerizos – es cuando su hijo comienza a hablar. Suele ocurrir entre los diez y los doce meses, pero no existe una edad determinada para ello, ya que se trata de un proceso natural que cada pequeño ser humano desarrolla en un momento diferente.

Algunos comienzan a hablar antes incluso de los diez meses, generalmente los que tienen hermanos o viven rodeados de otros niños mayores que ellos, ya que los críos que saben hablar siempre fomentan el habla de los bebés porque sienten la necesidad de comunicarse y de jugar con ellos.

También hay otros niños que no dicen su primera palabra hasta pasados los doce meses, lo cual no es preocupante siempre y cuando no sobrepase los 16 meses sin haber emitido siquiera un solo sonido para intentar transmitir algo. El límite para decir al menos alguna palabra como “agua” o “pis” está establecido por los expertos en 20 meses y a los 24 meses ya consideran que cualquier bebé debe saber pronunciar como mínimo dos palabras que conformen una frase, como por ejemplo “mamá, agua”.

Aunque todo progenitor debe aceptar que cada bebé tiene su ritmo debemos procurar estimular su habla, sobre todo si notamos que no emite sonidos y, en caso de que cumplidos los 20 meses su niño no haya pronunciado ni una sola palabra, deben acudir a un especialista porque puede tener algún problema neurológico o auditivo.

El primer caso es difícil de diagnosticar por un padre, pero el segundo puede advertirse si, a pesar de que procuramos fomentar su comunicación verbal – intentando que repita palabras cortas y de fácil pronunciación o mostrando nuestra alegría cuando dice algo, por poner un par de ejemplos – el niño parece no entendernos, o necesita mirarnos fijamente a la cara o a los labios para comprendernos.

18 abril 2010 · Desarrollo

gateo La técnica del rastreo
¿Te has preguntado cómo serán esos momentos en los que tu bebé empiece a rastrear por la casa? No te preocupes, en poco tiempo sabrás lo que es un verdadero sabueso gateador por todos los rincones. El pequeño empezará a intentar moverse por su cuenta en no demasiado tiempo. Esta actividad comenzará a realizarla mediante el gateo.

Una vez que él note como se puede levantar apoyando sus manitas, pronto empezará a apoyar el resto del cuerpo sobre sus rodillas. Debes fomentar esta actividad. Ten paciencia, si al principio le cuesta bastante. Cada niño es un mundo y no todos empiezan a gatear al mismo tiempo ni con la misma soltura. Normalmente, la mayoría de los bebés comienzan a gatear entre los 6 y los 10 meses.

Cuando notes que comienza a practicar, intenta ayudarle para que coloque bien su cuerpecito. Cuando ya aprenda a incorporarse bien es cuando se encontrará seguro y empezará a moverse por todos los lados. Déjale que investigue pero, asegúrate de que la casa tiene las medidas de seguridad oportunas.

Una vez que tengan dominada la técnica del gateo y, debido a su curiosidad, pronto empezarán a apoyarse en los objetos (sillas, mesas, estanterías, etc.) para subir hacia arriba y observar las cosas a las que de rodillas no tienen alcance. Es en este momento cuando debes tener presente que el pequeño pronto puede empezar a caminar. Comenzar a caminar dependerá del pequeño, puede que comience a partir de los 10 meses o que tarde algo más de tiempo. No desesperes.

28 marzo 2010 · Desarrollo

6meses Qué pueden entender y expresar los bebés en el primer año
Desde el nacimiento hasta el año, el bebé pasa por las dos primeras etapas que le ayudarán a desarrollar su lenguaje. Las respuestas que los adultos ofrezcan a esas primeras manifestaciones comunicativas favorecerán –o no- el despliegue y la riqueza de las formas de comunicarse del niño.

De 0 a 8 meses, el bebé es un pequeño descubridor. Todavía carece de intención comunicativa, es decir, no tiene en mente la intención de comunicarnos cosas, aunque lo consiga. Llorar es una de sus primeras formas de expresión y comunicación; más tarde sonríe y aprende a devolver la sonrisa, detecta cuando alguien lo mira expectante y empieza a emitir sonidos de placer o de molestia, aunque sen balbuceos prácticamente sin vocalizaciones.

Más adelante moverá las manos para asir objetos cercanos o extenderá los brazos dirigiéndose a un adulto para reclamar su atención. Al final del periodo nota los cambios de volumen y tono en la voz de los adultos, y ya puede imitar el sonido o las expresiones faciales de los mayores.

Durante sus primeros meses de vida responde al tono de la voz del adulto, pero no comprende las palabras; sin embargo comienza a reconocer rostros, objetos cotidianos y voces. Comprende gestos sencillos y puede anticipar lo que sucederá en su rutina cotidiana respondiendo a sonidos que le son familiares (oír el agua de la bañera, oír el ruido del timbre de la puerta).

A los 8 meses aproximadamente, los bebés dan un salto importante: comienza su intencionalidad comunicativa. Coincide en ellos una maduración cortical con haber establecido relaciones de confianza con los adultos de su entorno. No expresa palabras comprensibles pero sí envía “mensajes” que pueden entender los adultos cercanos (quiere agua, por ejemplo).

Primero comprende las cosas que suceden en su rutina cotidiana y más adelante consigue asociar las partes del lenguaje que se repiten durante las mismas (¡al agua!, a comer…). Esto es fundamental porque lo primero que se desarrolla del lenguaje es la comprensión, paso previo a la aparición de balbuceos que imitarán las palabras que entiende.

25 marzo 2010 · Desarrollo · Nutrición

alimentacion Los trastornos alimentarios se previenen en la primera infancia
“Mi hijo no come nada”, “sólo come bien lo que le gusta”, “si no le obligo solo come puré…”

Son frases que oímos con frecuencia a los padres –muchas veces angustiados- acerca de la alimentación de sus hijos pequeños. Todos los padres son conscientes de la importancia de la alimentación infantil, sin embargo, a veces conseguir que el niño coma equilibradamente parece una batalla imposible que acaba derivando en una rendición paterna (el niño acaba por comer exclusivamente lo que quiere y cuando quiere) o en una dudosa victoria obligando al pequeño a comer a la fuerza.

Muchos de estos problemas conducen a que los niños perciban una visión errónea de lo que es la alimentación; lo que con la llegada de la adolescencia puede llevarles a problemas mayores y graves. La alimentación es fuente de salud y energía, y como tal deberían haber llegado a entenderla al abandonar la niñez.

En la alimentación hay que educar con firmeza, pero educar con firmeza no es lo mismo que educar con rigidez, ni crear un ambiente tenso y malhumorado que convierta las horas de las comidas en un suplicio para padres e hijos. Con el niño que “come mal” hay que mantenerse recto pero dentro de un tono alegre y positivo, celebrando los logros y sin mostrar angustias ante los fracasos, como con cualquier otro aprendizaje que el niño tenga que llevar a cabo. ¿Reñiríamos a un peque a quien le está costando aprender a vestirse solo, por ejemplo? Pues con la alimentación lo mismo. Si un niño percibe actitudes negativas con la comida, tiene muchísimas más posibilidades de desarrollar en el futuro un trastorno relacionado con ella.

Ante la negativa de un niño a comer determinados alimentos, no conviene insistir cada día con ellos, ni mucho menos insistir durante varias comidas seguidas con el mismo alimento (“si no te lo comes lo tienes para cenar”), sino dárselos a probar de nuevo al cabo de un tiempo, a ser posible, preparados de otra manera.

El gusto de los bebés y de los niños va evolucionando y es algo que se educa a lo largo de toda la vida. Querer hacerlo de golpe y a la fuerza hace que la hora de la comida pierda su útil sentido de momento de comunicación familiar.

25 marzo 2010 · Desarrollo · Salud

dientes Las caries en los bebés
Los bebés son susceptibles de padecer caries, y muchas veces no valoramos la importancia de la dentición de leche de cara al futuro dental de los pequeños. Si la dentición primaria se abandona y no se cuida adecuadamente, los niños pueden tener problemas que más tarde pueden llegar a afectar de forma permanente a su dentición definitiva. La evolución de una caries no tratada en un bebé puede provocar infecciones que se extiendan a otros órganos o partes del cuerpo, por lo que, si observamos una caries en un diente de leche del bebé no debemos restarle importancia, sino trasladar inmediatamente nuestra inquietud a su pediatra.

Las caries dentales son consecuencia de una infección: los dientes –tanto los de leche como los definitivos- brotan sanos y se infectan por una serie de circunstancias. Si la dentadura del bebé está sana y cuidada, los microbios responsables de este tipo de infecciones no podrán hacerle ningún daño a sus dientes, pero si descuidamos la limpieza, los restos de alimentos, sobre todo de azúcares, provoca que éstos gérmenes produzcan una placa bacteriana rica en ácidos, que corroen el esmalte y provocan que salga una caries.

chupete Las caries en los bebés
Una de las principales conductas a evitar, es la anacrónica pero socorrida costumbre de dar a los pequeños el chupete impregnado en azúcar o en miel cuando lloran para tranquilizarlos; y un detalle pequeño pero importante es no permitir que permanezcan más tiempo del necesario con el biberón en la boca o que incluso se queden dormidos con él.

No hay que olvidar que la dentición de leche en el caso de algunas de las piezas va a acompañar al niño hasta los 12 o 13 años; morder y masticar bien es importante para la alimentación del bebé y del niño, y poder hacerlo correctamente implica tener una dentadura sana.

13 marzo 2010 · Desarrollo

cover mgrs whitesm La altura de los niños
La altura de los niños suele ser un tema que, con el paso del tiempo, preocupa a muchos padres. El estudio de la altura se conoce como Auxología. La altura de un niño se puede ver afectada por una combinación de diferentes factores como por ejemplo: la edad, el sexo, la dieta, el ejercicio y el medio ambiente. Sin embargo, lo más importante de todo es la constitución genética del pequeño.

Normalmente, un niño desnutrido tendrá un mayor retraso en este desarrollo. Esto, ha sido demostrado por diferentes estudios. A menudo, las alturas varían de acuerdo a la población a la que pertenece el niño en cuestión, por ejemplo, la altura media de los niños en los EE.UU. puede variar si se compara con la altura media de los niños en África. Además, la importancia de la actividad física no puede subestimarse cuando se trata de su crecimiento.

En este tipo de estudios, se realiza un gráfico que se correlaciona con una tabla de peso para que, al final, se establezca una relación peso-altura de forma directa. Esto se utiliza para comprobar si la tasa de crecimiento de un niño está dentro de un rango normal o no.

Existe una amplia gama de alturas y pesos, por lo tanto, la tasa de crecimiento es la que se encarga de distribuir los percentiles. Estos percentiles son formulados para las diferentes poblaciones mundiales después de extensos estudios. El rango predefinido se encuentra después de analizar los datos obtenidos de, al menos, un millar de niños y niñas de todas las edades especificadas.