
Una vez que el niño entra en la preaolescencia o adolescencia, los padres se quedan en un segundo plano y los amigos son las personas a las que acuden en busca de asesoramiento y apoyo. Los amigos, suelen convertirse en las personas más importantes de su vida. Los padres ya no serán los que les guardan los secretos, por eso, les resultará más difícil saber si los jóvenes tienen algún problema con las drogas.
Aunque la comunicación entre padres e hijos pase a un segundo, muchos adolescentes siguen considerando a sus padres como amigos y deciden contarles sus problemas y temores. Si el vínculo es cada vez más frágil, hay que intentar observar el comportamiento del pequeño-joven. Fluctuaciones salvajes en los estados de ánimo, cambios radicales en los hábitos alimenticios, bajar el rendimiento académico… estas son señales de advertencia que indican que algo no va bien.




























































