
Muchos padres ponen mucho hincapié en las necesidades materiales de los niños. De este modo, se ha creado una sociedad consumista y materialista en la que el tener prima por encima del ser. O lo que es lo mismo, por encima del mundo emocional que es determinante en el nivel de bienestar de cualquier niño pequeño. Muchos adultos arrastran carencias afectivas de su infancia.
Por ejemplo, algunos niños recuerdan con gran detalle que recibieron muchos regalos por parte de sus padres, sin embargo, no recibieron tanto tiempo por motivos de trabajo. La Inteligencia Emocional es una buena herramienta para tomar conciencia de las emociones que se respiran en el propio hogar. Es decir, para analizar si entre todos se crea una atmósfera idónea para el desarrollo de los niños o hay algo que se podría cambiar.




























































