Claves del descanso del bebé
Durante los primeros meses de vida, el bebé se pasa durmiendo prácticamente todo el día, para recuperarse del enorme gasto de energía que su organismo está haciendo para adaptarse a su nuevo medio. Las horas de sueño no sólo le sirven para descansar, sino también para crecer y digerir los alimentos.

Mientras duerme, el bebé realiza importantes operaciones celulares, como por ejemplo procesar toda la información recibida en sus horas de vigilia. Es imprescindible aprender a mantener y respetar su particular ritmo de sueño.

Es importante que establezcas unos horarios y ritos fijos a la hora de acostarlo. Por eso te aconsejamos que lo acostumbres a ir a dormir siempre a la misma hora, después de bañarlo y darle de comer. De esta forma su organismo acabará actuando como un reloj y tras la toma ya empezará a sentir sueño.

Procura que su habitación sea un lugar tranquilo, con una iluminación y una temperatura adecuadas (ésta no debe ser superior a 20º C) y conservado en las mejores condiciones de higiene. Debes ventilarla cada día, y si usas calefacción, mantén el grado de humedad necesario en el ambiente con humidificadores o colocando recipientes con agua en la habitación.

Mientras el niño duerme no tienes por qué permanecer en completo silencio toda la casa, pero sí debes evitar los ruidos estridentes que puedan despertarle.

Posición ideal

El niño ha de dormir sobre un colchón duro y sin almohada, de lado o boca arriba, siendo esta última postura más recomendable porque se ha comprobado que previene el temido síndrome de la muerte súbita del lactante. La postura boca arriba sólo se evitará si el pediatra así lo recomienda porque existan por ejemplo, enfermedades como el reflujo gastroesofágico. Pero cuando el bebé esté despierto, colocarlo de vez en cuando boca abajo, porque así él podrá hacer su particular gimnasia que le permite fortalecer la musculatura de cuello y espalda.