
Hace sólo unos años, existían grandes diferencias entre el tipo de vida de un niño que vive en una ciudad y otro que vive en un pueblo. Diferencias que venían determinadas en parte, por la seguridad de los más pequeños de la casa. En este sentido, los niños de las poblaciones pequeñas gozaban de más libertad y autonomía que aquellos que viven en poblaciones de cientos de habitantes. Ahora, la diferencia es menor, es decir, ahora también se protege mucho la seguridad de los niños en los pueblos más pequeños más allá de la aparente confianza entre vecinos.
Existe un temor habitual en los padres. Que el niño pueda hablar con desconocidos y corra un riesgo innecesario. En este sentido, todos recordamos en nuestra etapa adulta cómo nuestros padres nos insistían una y mil veces, en que nunca hablásemos con nadie que no conociéramos. Incluso aunque ese extraño nos dijera que conocía a nuestro padre o a nuestra madre. Tampoco, en caso de que dijera que quería darnos caramelos.
Se trata de fomentar la prudencia en los niños. Es verdad que no deben crecer en un ambiente hostil pero también es cierto que los niños deben ser conscientes de que no todo el mundo es bueno, es decir, es esencial cuidar de uno mismo.
Por tanto, hay mensajes que se deben repetir a los niños hasta el aburrimiento. Incluso, insistir ante el miedo de ser pesado. Al final, los hijos siempre agradecemos que nuestros padres hayan cuidado de nosotros y nos hayan dado valores adecuados. Por supuesto, más allá de estos mensajes, es positivo que los padres vayan al colegio con sus hijos y también vayan a recogerles. Por otra parte, en caso de salir a jugar por la tarde, lo adecuado es que los niños tengan permiso para jugar sólo en la misma calle o en el parque que está situado al lado de casa.
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