Cómo mantener la calma ante las rabietas infantiles
Las rabietas, reacciones de ira inesperada en el niño, pueden alterar la rutina cotidiana de la convivencia. Para prevenir estos ataques de ira haz un seguimiento de en qué situaciones se producen con más frecuencia. Para ello, te ayudará hacer un seguimiento en un cuaderno en el que anotes características de las situaciones concretas y reacciones que observas en el niño. El estado de ánimo infantil, está directamente vinculado con el bienestar físico.

Esta es una de las razones por las que con frecuencia, las rabietas tienen su origen en un malestar infantil, por ejemplo, hambre, sueño a mitad de tarde al no haber disfrutado de la siesta, agotamiento al final del día…

Cómo actuar en esta situación

Prevenir estas situaciones en la medida de lo posible es una buena forma de prevención. Sin embargo, también existen otros tipos de rabietas, por ejemplo, aquellas que están orientadas a conseguir llamar tu atención. Y aquellas con las que el niño quiere conseguir un capricho. Cuando el niño se encuentra en los primeros síntomas de la rabieta, intenta distraerle con otro tema distinto.

Un error habitual es querer dialogar con el niño cuando está viviendo el impacto de las emociones típicas de una rabieta. Potencia la empatía con tu hijo puesto que cuando tú como adulto tienes un enfado, tu razón también está condicionada por la subjetividad de ese momento de alta intensidad emocional. Solo tienes que ser paciente y esperar para que se calme. Ya que en ese momento, tiene una mejor disposición para el entendimiento.

Cómo mantener la calma ante las rabietas infantiles

No ceder ante el chantaje

En muchos momentos, la motivación de una rabieta es el deseo de conseguir un capricho. Para que tu hijo obtenga un mensaje valioso de esa rabieta, mantén tu autoridad y no cedas para darle todo lo que pide. De lo contrario, la rabieta será una forma de manipulación constante. Intenta hacer un esfuerzo para no perder la paciencia y mantener un tono de voz tranquilo al hablarle.

Intenta hacer oídos sordos a aquellas palabras que el niño expresa bajo un ataque de ira pero que no siente realmente. Por ejemplo, puede decir ideas del tipo, “no te quiero”.