
En algún momento toda mujer embarazada siente que ella y su hijo intercambian sentimientos.
A finales de los años 60 y principios de los años 70, se perfeccionaron los aparatos ecográficos, permitiendo a los investigadores estudiar al niño sin perturbarle.
El niño intrauterino es un ser humano consciente y a partir del sexto mes (o antes) tiene una activa vida emocional:
1. Puede ver, oír, experimentar, degustar e incluso, de manera primitiva aprender. Lo más importante es que siente, aunque no con la complejidad de un adulto.
2. Lo que siente y percibe empieza a modelar sus actitudes y las expectativas que tiene respecto a sí mismo. Estas dependen en parte de los mensajes que recibe.
3. La principal fuente de estos mensajes es la madre. No toda preocupación, duda o ansiedad fugaces le repercuten. Lo importante son los patrones de sentimiento profundo y constantes: La ansiedad crónica o una intensa ambivalencia con respecto a la maternidad.
La alegría y la ilusión pueden contribuir significativamente al desarrollo emocional de un niño sano.
Las nuevas investigaciones se dedican mucho más a los sentimientos del padre. Hasta hace poco no se tenían en cuenta sus emociones. Los últimos estudios documentan que lo que un hombre siente hacia su pareja y su hijo no nacido es uno de los factores más importantes para determinar el éxito de un embarazo.
El hecho de que más progenitores empiecen a comunicarse con sus hijos es un comienzo extraordinario. Tener en cuenta que es capaz de percibir sonidos externos que le desagradan o asustan (aspiradora, secador) y otros agradables, como la música de Vivaldi y Mozart, que son los compositores preferidos.


























































