Dar a luz en el agua
El nacimiento de un bebé es un proceso involuntario y como tales, no podemos cambiarlos pero sí podemos interferir favoreciéndolos y es aquí donde los partos en el agua entran en juego.

Para muchas mujeres el contacto con el agua es relajante y disminuye las tensiones derivadas del parto. Es una de las alternativas para dar a luz que más interés están despertando en las mujeres embarazadas, por su sencillez y rapidez.

Nacer bajo el agua ahorra tiempo, dolor y traumas innecesarios. El agua se encarga de ayudar a la madre en el proceso de dilatación y facilita la adopción de posturas naturales consiguiendo así un nivel óptimo de dilatación.

Además al estar templada, relaja los músculos y estimula la producción de endorfinas, aliviando el dolor de la madre. También repercute en la respiración haciéndola más calmada y la dilatación es más acelerada.

La mujer debe introducirse en una bañera con agua caliente (debe estar a unos 37º C) una vez que haya dilatado cinco centímetros. A partir de esta fase, la madre experimentará una profunda relajación y los exámenes vaginales no son necesarios, a diferencia de lo que ocurre en los partos convencionales.

Las madres que pueden optar por éste parto alternativo son aquellas que renuncian a la anestesia epidural, que no presenten patologías obstétricas y las que se sienten seguras en el agua. Aunque la mayoría acaba usando el agua para dilatar y son pocas las que llegan a parir en ella.

Para el bebé también tiene sus ventajas. Tendrá su tiempo para adecuarse a la nueva situación con más tranquilidad. El parto bajo agua favorece su transición del líquido amniótico al mundo exterior. Todo eso contribuirá para alejarlo de situaciones de estrés que podrían ocasionarle irritabilidad durante el primer año de su vida.