
Una de las cosas más bonitas que le pueden pasar a un niño es crecer en una familia en la que se valora la cultura, es decir, se toma el saber como una fuente de desarrollo personal y de libertad. Por ello, en casa también se puede potenciar el aprendizaje que los peques inician en la escuela a través de la actitud adecuada. Por ejemplo, es esencial limitar el tiempo que los niños pasan frente a la tele, de lo contrario, corren el peligro de tomar una imagen del éxito muy superficial en base a los valores que transmiten algunos rostros populares.
Por el contrario, nada como optar por el placer de la lectura para que a través de las palabras, los niños puedan acercarse a otros puntos de vista, otras formas de vivir, y también, una forma de entretenimiento que potencia la creatividad, el dominio del lenguaje y el uso correcto del vocabulario. En este sentido, los niños no sólo pueden leer libros en castellano sino también en inglés para mejorar el uso del idioma extranjero.
El amor por la cultura implica dar valor a la ciencia y a las humanidades. Pero también, a la comunicación en familia y al diálogo. De este modo, el niño se sentirá libre a la hora de hacer preguntas para que sus dudas puedan resolverse con normalidad. Del mismo modo, el diálogo intergeneracional y que los niños pasen tiempo con sus abuelos es esencial.
El juego también es un vehículo muy instructivo de formación en valores a través del entretenimiento. La cultura fomenta la sabiduría mientras que la indiferencia en este sentido potencia la ignorancia y el desconocimiento en niños y adultos. ¿Crees que hoy día se valora la cultura igual que antes o debemos mejorar en ese sentido?
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