El camino hacia la independencia
Experimentar la transformación de “bebé” a “niño mayor” te ayudará a observar el incremento de independencia en tu hijo, condición que además te otorga a ti mayor autonomía. Tres de las grandes conquistas que representan la sana independencia del niño son comer, dormir y vestirse solo.

¡A comer! El acto de comer puede convertirse para tu hijo en una excusa perfecta para tenerle de por vida a tu lado. Por eso las recomendaciones del pediatra van encaminadas a que tu pequeño retoño aprenda a autorregularse. Del amamantamiento a los biberones y de éstos a la sufrida cuchara, el bebé marca su ritmo frenético… Por eso atención para los papás y mamás, que han de agudizar su sentido común y poner límites. Paciencia y tenacidad ante el experimento de su primera cuchara y el cambio de los purés salados. Más tarde se le enseñará a colaborar cogiendo jamón, cereales o tortilla entre sus deditos.

¡A dormir! Únicamente algunos padres privilegiados han entrenado a sus hijos en el difícil arte de “irse a la cama” y de “mantenerse” en ella. Hay que dejar al niño en su cuarto antes de que sea consciente de que prefiere tener a sus padres pegados a su almohada. A veces prefieres esperara a que cumpla 4 ó 5 meses cuando comienza a familiarizarse con los ciclos del día y la noche y aguante dormido de un tirón entre 5 o 9 horas. Pero a esta esa edad también existe la posibilidad de que todo marche bien.
Los problemas empiezan cuando a partir de los 6-7 meses el niño es capaz de vencer su ritmo biológico y, a pesar del cansancia, mantenerse despierto.

¡A vestirse! Los primeros experimentos con el vestido se dan en torno a los 7 meses. Durante la etapa del gateo, aproximadamente a los 9 meses, la situación empeorará. Cada cambio de pañal supone una pelea ya que el bebé acaba de estrenar su independencia en movimientos continuos. Al cumplir un año, le fascinará ponerse y quitarse los zapatos. Cumplidos los 2 años, mostrará la misma determinación para negarse en redondo a ponerse el gorro, para arrancarse la bufanda y deshacerse de los guantes y las orejeras.