El cesto de los tesoros
Hablamos de un juego sin juguetes. Los protagonistas de esta actividad son objetos cotidianos que permiten a los niños aprender nuevas e importantes lecciones.

El educador debe tener todo preparado en un rincón tranquilo de la clase, antes de llevar a los niños. El elemento central será una cesta de mimbre fuerte de unos 45 cm de diámetro y 8 cm de altura. Sólida y estable para que no se vuelque cuando los pequeños se apoyen en ella intentando sacar lo que hay en su interior. Conviene que no tenga asas y que los remates estén perfectamente redondeados para evitar que los niños se arañen.

Dentro de esta cesta debe haber unos 50 objetos que no sean juguetes comerciales. En su mayoría se trata de materiales naturales o de uso doméstico, evitando los objetos de plástico. Se pueden poner: piedras, castañas, corchos, trozos de esponja, conchas, peines, cajas, botones grandes, cepillos, pinceles, pinzas de la ropa, bobinas de hilo, rulos, servilleteros, llaves, embudos, cadenas de anillas grandes, tubos de cartón, botes vacíos, etc.

Una vez que el educador ha preparado el espacio y el material, sitúa a los peques alrededor (no más de tres o cuatro niños). La sesión de juego debe durar aproximadamente media hora y el educador deberá estar pendiente de los niños en todo momento para evitar que se metan en la boca objetos pequeños.

Con este juego se potencian muchas capacidades:

1. Autonomía y libertad de acción, al tiempo que ejercitan su capacidad de elegir y de decidir, ya que nadie les dice lo que tienen que hacer.

2. Su vista, oído, tacto, olfato, incluso el gusto se van desarrollando mientras los niños manipulan todos los objetos.

3. Estimula la coordinación corporal y las habilidades manipulativas.

4. Favorece la socialización, la interacción y la comunicación con sus iguales, así como la creatividad.