El miedo a quedarse solo
Un bebé empieza a sentir miedo incluso desde sus primeros meses de vida, y uno de los primeros temores infantiles en manifestarse es el miedo a quedarse solo, que suele aparecer entre los 6 y los 12 meses. Es en esta franja de edad en la que el pequeño empieza a comprender y asimilar los conceptos del espacio y el tiempo, y en la que cualquier separación en la que no entienden “cuánto” de lejos se han ido mamá o papa o “cuánto” van a tardar en volver pueden general una tremenda ansiedad en el pequeño.

Un juego comúnmente utilizado para empezar a controlar este miedo a la “desaparición” paterna, es el de “cú-cú”: mientras el peque está con uno de los progenitores, el otro se esconde a su alcance y vuelve a aperecer a los pocos segundos, con un sonriente “cú-cú”, sin que haya dado tiempo a que el niño se haya asustado por la separación.

Cuando se “regrese” de una ausencia más prolongada, aunque se encuentre la niño llorando o preocupado, lo mejor es aparecer con la misma sonrisa y el mismo “cú-cú”, de tal manera que el bebé empiece a confiar y a entender que su mamá y su papá siempre vuelven.

Uno de los momentos en los que este miedo a la soledad puede empezar a originar un conflicto importante, es si el niño empieza a sentir miedo de dormir solo, especialmente si el miedo a quedarse solo se ve sumado al miedo a la oscuridad. Un buen truco para ayudarle a sobrellevar este miedo es inventar un ritual que cada día ayuda al niño a irse a la cama relajado y confiado.

La última media hora antes de dejarlo durmiendo sólo es preferible pasarla con él en la misma habitación en la que vaya a dormir, mimarlo, cantarle canciones y darle pacientemente las buenas noches a él y a sus juguetes preferidos, encargándonos de que sepa que todo lo que compone su vida diaria (los padres, los muñecos…) va a seguir ahí mientras duerme y va a reencontrarse con ello por la mañana.