
Es curioso que el miedo es una de esas emociones que cualquier persona intenta evitar a lo largo de la vida. Y es que, el ser humano, especialmente, en la sociedad del confort y del bienestar, aspira a hacerse la vida agradable a sí mismo. Sin embargo, el miedo también se convierte en un elemento positivo de distracción y de bienestar en una fiesta tan popular entre los niños como Halloween.
Y es que, existe una distancia generacional importarte entre padres e hijos porque la gran mayoría de los padres de los niños de hoy día, crecieron ajenos a esta tradición estadounidense que en cambio, sí que era conocida a través de las películas o las series extranjeras. Ya faltan pocos días para Halloween por lo que ha llegado el momento de pensar en un disfraz que sea especial. Sin duda, luego se debe hacer fotografías al niño para poder recordar esta fecha durante el resto de la vida. Además, tener fotos es bonito porque te aporta una visión del proceso de crecimiento del peque.
Es posible aprovechar un disfraz de años anteriores y así te evitas gastar nuevamente un dinero. Pero también, se puede pedir prestado a algún familiar cercano. Como cuestión cultural, también es positivo explicarle a los niños de dónde procede esta tradición.
El miedo es uno de los grandes atractivos de Halloween. Por ello, los niños también juegan a dar sustos a los demás. En breve los peques tienen una cita con los disfraces. Y de hecho, sería divertido celebrar una fiesta en casa en la que tanto padres como niños se disfracen para hacer un plan diferente y potenciar la ilusión por estar juntos. Después, habrá que esperar hasta las fiestas de Carnaval para poder repetir nuevamente esta experiencia tan gratificante.
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