El perro, mi mejor amigo
A la mayoría de los niños les atrae la idea de contar con la compañía eterna de un animal. Entre otras cosas, el sentido de la responsabilidad aumenta y ¡qué mayor incentivo que la introducción de mascotas auténticas en el juego!

Los padres deben ayudar a comprender a sus retoños que una mascota no ha de ser un mero capricho que puede ser abandonado a placer. Es importante enseñarles a tratar a los animales con cuidado y respeto haciéndoles ver que cualquiera de estos seres vivos necesita cuidados como ellos.

Es muy adecuada la elección de un perro como animal de compañía para el niño ya que son extraordinariamente sociales. Sin embargo, es necesario educarlos, requieren dos o tres paseos diarios, hay que tener un lugar para ellos durante las vacaciones. Se recomienda que el tamaño de la raza o mestizo sea grande. Los perros más pequeños resultan más frágiles y es frecuente que huyan de las atenciones de los niños.

Los perros realizan la función de apoyo de reforzador de conductas. Para trabajar con un niño el lenguaje verbal y/o no verbal, dependiendo de cada caso, el niño tiene que decirle al perro la orden de sentado o echado, bien verbalmente o mediante signos. El perro al cumplir la orden está reforzando la conducta del menor. También contribuye al reforzamiento lógico matemático. Se le pide al niño que saque tres bolitas de pienso y se las dé al perro.

“Los niños necesitan animales de compañía” es la obra de Dieter Krowatschek. Este psicólogo alemán de infantil y escolar comenta lo siguiente:

Es fundamental tener una mascota desde edad temprana, ya que los niños y los animales comparten muchas cosas (ganas de jugar, ganas de sentirse protegidos, amor incondicional sin pedir nada a cambio…) lo que hace que los lazos afectivos que se creen sean mucho más fuertes que en los humanos adultos.