
Aprender a andar es el principal desafío del bebé y el equilibrio es un factor determinante para conseguirlo. También es necesario desarrollar “la conciencia espacial”, es decir una relación correcta entre el cuerpo, el espacio y las cosas que le rodean.
El sentido del equilibrio está compuesto por tres canales situados en el oído interno. Estos canales detectan en cada momento la posición en la que el niño se encuentra para que el cerebro informe de ésta a los ojos y a los músculos y de cómo tiene que moverse para mantener el equilibrio y no caer.
Constantemente el pequeño se arriesga a lo largo de su primer año. Abandona las posturas que le resultan seguras para conquistar el espacio físico que le rodea. Cada vez que deja una postura conocida rompe con su equilibrio.
El bebé se ha pasado nueve meses en posturas enrolladas y se siente seguro y organizado. Su primera tarea motora será desenroscarse. Luego llegará el segundo gran reto para romper con el equilibrio establecido: rodar. Más adelante querrá sentarse, después se arriesgará a gatear y finalmente desafiará todas las leyes juntas al ponerse de pie y lograr andar.
Las claves para que el bebé consiga mayor autonomía en su movimiento son mostrarle lo que puede hacer y respetar en todo momento su propio desarrollo.
Para estimular el desarrollo del equilibrio de manera adecuada se debe:
- Evitar situaciones que generen ansiedad e inseguridad por parte del niño.
- Educar a partir de una progresión lenta.
- Trabajar el hábito a la altura y la caída.
- Disminuir la ayuda o la contención paulatinamente.
- Introducir juegos, movimientos rítmicos que favorezcan el balanceo.
- Posicionarse, cada vez más rápido, en un primer momento con ayuda y luego sin ayuda.
- Supresión de los ojos en cortos períodos de tiempo. Juegos con ojos cerrados.







































