Ellos en la preparación a la maternidad
El padre debe implicarse verdadera e intensamente en el proceso que conduce a la preparación de la futura mamá.

El estado psíquico de la madre, así como su condicionamiento positivo, es claramente superior en aquellas gestantes en las que el marido o compañero colaboró en su preparación.

Antes, el marido se desentendía de algo que consideraba que era “cosa de mujeres”. La trataba como a una niña, recurriendo siempre a los consejos y la experiencia de su madre, es decir, acentuando la situación infantil del embarazo, regresándola a la infancia, impidiendo su maduración como mujer.

Afortunadamente, en la actualidad las cosas han cambiado y el padre, mayoritariamente asume activamente su protagonismo y recupera su puesto desde el primer momento. Esto supone ya una situación psicológica distinta. No la envía con su madre sino que la considera ya como mujer adulta.

El marido, en general, se interesa por todo lo que aprende y es frecuente que, al volver ella de clase, le pregunte por todo lo aprendido. Estos conocimientos que va recibiendo a través de ella, lo van madurando psicológicamente y aparece muchas veces, un auténtico diálogo entre ellos, porque hay algo en común que los une: su futuro hijo. La afectividad entre los dos se estrecha.

En el momento del parto, la mujer necesita un apoyo moral, no encontrarse sola; la forma más correcta de resolverlo es solicitar la colaboración del marido o compañero. Este ha de ser un punto de apoyo constante.

La misión del hombre será básicamente:

1. Decidir entre ambos si los síntomas que ella presenta corresponden al parto.

2. Decidir con ella el momento de acudir a la maternidad.

3. Luchar contra la monotonía del parto, ese gran enemigo, distrayéndola todo lo posible, sobre todo si el parto discurre lentamente.

4. Crear a su alrededor un ambiente de tranquilidad y confianza, evitando visitas innecesarias y peligrosas para ella. No avisando a “nadie” de la familia antes de finalizado el parto.

5. Estudiar con ella las contracciones, para poder utilizar correctamente, la relajación y el ritmo de la respiración.

6. Colaborar con la matrona y el tocólogo, informándoles de cómo son las contracciones, cual es su ritmo, su intensidad y su duración, si es que no estuviera monitorizada.

7. Animarla, sobre todo, si las cosas se ponen difíciles y demostrarle que se siente orgulloso de su comportamiento.

8. Recordar la importancia de su colaboración en la expulsión, creando en ella motivaciones importantes.