Estilos parentales
Tras la revisión de diferentes estudios se ha llegado a la conclusión de que en la formación de la personalidad del niño, el ambiente socioeconómico o escolar no es tan determinante como los factores familiares, en concreto, las psicopatologías parentales.

Conviene realizar un análisis sobre la conducta de los padres ya que hay estilos parentales que fomentan la aparición de trastornos en los menores.

Hablamos de perfiles denominados “autoritario-represivo” y “permisivo-negligente”, porque la autoridad y la permisividad en su justa medida son beneficiosas, pero en ocasiones, puede desequilibrar la personalidad.

El “autoritario-represivo” es un estilo muy rígido y se caracteriza por la ausencia de reciprocidad y diálogo. Deja poco margen al ejercicio constructivo de la libertad personal y los padres tienden más a los castigos no razonados que a las alabanzas.

El estilo “permisivo-negligente” se basa en la baja implicación de los padres respecto a los asuntos afectivos de los hijos, permitiendo su libre albedrío para evitar relaciones más complicadas. Como consecuencia, los padres tranquilizan su conciencia, recurriendo a la compensación material para suplir esta falta de afectividad. Los niños criados bajo este modelo pueden presentar un autoconcepto negativo, graves carencias de autoconfianza y autorresponsabilidad, poco rendimiento escolar, escaso autodominio y bajo sentido del esfuerzo personal, así como trastornos psicológicos y desviaciones graves de conducta.

Las interacción familiares han de basarse en otros estilos, como el equilibrado (los padres ejercen influencia sin utilizar el control, pero a través de la comunicación de igual a igual) o el controlador (control firme aunque de modo racional y con percepción de la reciprocidad y mostrando afecto). Así, la aparición de patologías será más difícil. En el ámbito escolar, se trata de prevenir que surjan trastornos específicos del desarrollo del aprendizaje como por ejemplo la dislexia.