Intervenir ante la violencia escolar
La resolución de conflictos no es una tarea sencilla, ya que son muchas las causas y las personas implicadas.

De las tradicionales intervenciones exclusivamente sancionadoras hay que pasar hacia otras más integradoras y “humanitarias” basadas en la reflexión, el acuerdo, la responsabilidad y el desarrollo personas y social que busquen una mayor implicación de toda la comunidad educativa.

Existen procedimientos concretos para establecer un clima social de convivencia:

1. La disciplina. Conjunto de estrategias que se establecen en el aula para el adecuado funcionamiento del grupo. Estas estrategias se apoyan fundamentalmente en fortalecer conductas adecuadas más que en castigar las inapropiadas, ya que los castigos, más que eliminar comportamientos, lo que hace habitualmente es ocultarlos. Debe ser un punto medio entre el autoritarismo y la total permisividad buscando siempre el análisis profundo de la situación, la reflexión, el diálogo… Y fomentando técnicas que habiliten a los alumnos para el autocontrol y la responsabilidad. Hay que buscar en todo caso que el alumno recapacite mostrándole la relación entre su comportamiento y las consecuencias que éste acarrea.

2. Las normas. Desempeñan un papel fundamental en la creación y consolidación de ambientes presididos por el buen clima de convivencia. Para hacer un buen uso de ellas es necesario: La mediación, que se basa en un método de resolución de conflictos en el que las partes enfrentadas recurren voluntariamente a alguna persona imparcial (mediador) para llegar a un acuerdo satisfactorio. Además habrá que recurrir al fomento de la competencia social, es decir, procesos cognitivos y afectivos que comportan conductas valoradas por la comunidad. Se trata de comportamientos hábiles que favorecen la adaptación, la percepción de autoeficacia, la aceptación de los demás y los refuerzos agradables, esto es, el bienestar psicosocial. La competencia social es uno de los caminos válidos para prevenir y resolver conflictos.