La formación de la personalidad
La necesidad de una educación inicial íntegra es la preocupación principal de todas las cumbres celebradas a favor de la infancia y de la adolescencia. El propósito consiste en formar una personalidad sana y multilateralmente desarrollada que sea capaz de enfrentar los retos del mundo.

La personalidad es un complejo sistema que integra formaciones psicológicas de distinto grado de complejidad, las cuales se organizan activamente alrededor de la jerarquía de motivos del hombre, con una participación muy activa de su autoconciencia.

Es esencial considerar que las motivaciones principales de la personalidad están estrechamente vinculadas a la autovaloración del sujeto. Esto se expresa de forma muy clara en las vivencias que éste experimenta en relación con su autoestima, en dependencia del nivel de realización que alcanza cuando participa en las actividades que expresan dichas motivaciones.

Las transformaciones cualitativas que sufren los menores en los primeros tres años de vida son fundamentales. Algunos psicólogos, al reflexionar sobre dónde puede hallarse el centro de la vía de desarrollo del individuo, a partir de su nacimiento hasta la edad adulta, concuerdan en que se encuentra precisamente en el tercer año de vida. En dicha etapa se produce el aprendizaje y la asimilación de las acciones para utilizar los objetos de uso cotidiano. Al mismo tiempo incorporan las reglas de conducta para desenvolverse en sociedad.

Respecto a la regulación de la personalidad cobra un peso determinante la creación de hábitos. De hecho, el hábito ha de formarse mediante la enseñanza y el aprendizaje, a través del entrenamiento y la ejercitación, y no de manera espontánea. Para ello es imprescindible definir las operaciones que lo componen y estructurar las tareas para ponerlas en juego… Se trata de ir reiterando y variando las condiciones para evitar la rigidez, dar reforzamiento, que permite rectificar, y dosificar y organizar correctamente los ejercicios.