
Es importante que más allá de formar una familia y de que todos los miembros viven en un mismo hogar, la realidad es que cada persona debe de tener un espacio propio e íntimo. Se trata de algo que tal vez, no se valora en los primeros años de vida, sin embargo, muy pronto el niño empezará a entender la noción de intimidad. No sólo en sentido positivo sino también en negativo. Por ejemplo, cuando el niño se porta mal y es castigado en su habitación se da cuenta de que está solo y de que debe pensar y reflexionar.
La habitación del niño debe de ser práctica, es decir, debe de tener el espacio necesario como para jugar, pero también, es necesario que tenga una mesa de estudios amplia, a poder ser situada junto a la ventana para estudiar con luz natural. Por otra parte, el niño debe de empezar desde muy pequeño a entender que debe de colaborar en el orden de la casa, por ejemplo, nunca debe de irse a dormir sin haber recogido los juguetes. Puedes proponerle esta labor como si fuese un juego más en la que el padre y la madre, a veces, también pueden colaborar.
La habitación del niño también puede ser un espacio ideal para disfrutar de la lectura. Por ello, puede tener unas estanterías en las que colocar cuentos y libros. También puede pintar, dibujar y disfrutar de su tiempo libre a través de la imaginación. Aquellos niños que tienen una gran imaginación se distraen fácilmente, sin necesidad de estar acompañados ni de grandes atracciones.
Es habitual que por cuestión de espacio en las casas, algunos hermanos tengan que compartir habitación. Este hecho también tiene su punto positivo ya que en ese caso, los hermanos aprenderán a convivir.
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