La inteligencia, ¿nace o se hace?
Los especialistas en genética creen que el ADN es muy importante para determinar nuestro grado de inteligencia, pero no sólo el aspecto genético es esencial. Si bien algunas diferencias individuales se deben a la genética, el entorno en el que crecemos puede influir radicalmente en nuestro potencial intelectual.

Por otro lado, existen factores que afectan a la inteligencia, tales como: nutrición, valores culturales, entorno familiar, cambios de residencia y escuela, absentismo escolar, dificultad para conciliar el sueño, etc.

Si imaginamos dos niños con los mismos genes, el que mejor se alimente, mayor estimulación intelectual posea, así como confianza en sí mismo, que se vea apoyado por su colegio y en casa, tendrá un Coeficiente de Inteligencia superior al otro.

Como consecuencia de esto, no podemos elegir entre lo innato y lo aprendido, dado que ambos campos son igual de importantes. Seguro que el futuro oiremos más cosas sobre el modo en que la naturaleza y la crianza cooperan para conformar el cerebro humano y la inteligencia humana.

Desde el paradigma cognitivo se puede aprender y enseñar a ser inteligentes, puesto que la inteligencia es algo que puede aprenderse o enseñarse y se ve influido hasta el hecho de depender de las interacciones del individuo con el medio ambiente.

El psicólogo Gardner propuso el concepto de Inteligencias Múltiples. Éste considera que la inteligencia es una amalgama de destrezas para crear, aprender y resolver problemas, que permite al individuo responder a las situaciones de la vida y hacer algo valioso para una comunidad o cultura. La mayoría de los individuos tienen todas estas inteligencias, aunque no igual de desarrolladas.

Hay ocho tipos de inteligencias:

1. Inteligencia lingüística.
2. Inteligencia lógico-matemática.
3. Inteligencia espacial.
4. Inteligencia musical.
5. Inteligencia kinestésica.
6. Inteligencia intrapersonal.
7. Inteligencia interpersonal.
8. Inteligencia naturalista.