leche materna La leche materna
Son muchas las madres que dan a luz y deciden alimentar a sus bebés con leche materna. Y es una decisión muy acertada, ya que ésta es una fuente de nutrición perfecta para los lactantes porque contiene grandes cantidades de carbohidratos, proteínas y grasas.

La mama humana no almacena gran cantidad de leche sino que a través de la succión del bebé, se estimula la liberación de la prolactina que estimula la producción de leche y la liberación de la oxitocina, que provoca la contracción de las glándulas mamarias para que la leche sea exprimida hacia el pezón.

Antes de iniciar la alimentación es conveniente que el niño tenga un pañal limpio y seco. Es muy importante lavarse las manos con agua y jabón, así como mantener un buen aseo de los pezones. Se recomienda, al finalizar, aplicar un poco de la propia leche sobre ellos para lubricarlos y prevenir procesos infecciosos en el pecho.

La madre debe estar cómoda y tranquila mientras amamante, y se puede hacer de dos formas: sentada o tumbada. En el primer caso debes tener la espalda recta y colocar una almohada debajo del bebé para acercarlo al pecho. El seno debe tocar la mejilla del pequeño para que se produzca el reflejo de búsqueda. Una vez que succiona es importante que tome el pezón y parte de la aureola. El promedio de lactancia es de 20 a 40 minutos en cada seno, pero varía según las necesidades de cada bebé.

Cada vez que se amamante hay que alternar los dos senos, empezando en la siguiente vez por el último del que tomó el bebé. Cuando termine de una mama se debe levantar al niño apoyándolo sobre el hombro y dándole suaves palmaditas en la espalda para que suelte el aire ingerido, evitando así la formación de gases tan molestos para el lactante.