La prueba de la amniocentesis
Es una prueba prenatal en la que se extrae una pequeña muestra del líquido amniótico que envuelve al feto en la barriga de la futura mamá, para analizarlo. Se realiza para diagnosticar en el feto posibles defectos congénitos cromosómicos y genéticos, como el síndrome de Down y espina bífida entre otros.

Se recomienda hacer esta prueba cuando el test de riesgo da positivo. Además, cuando la madre supera los 35 o 38 años o cuando los padres son portadores de alteraciones cromosómicas.

Se realiza al cuarto mes de embarazo cuando el riesgo de aborto ha disminuido con respecto al primer trimestre y ya hay suficiente líquido amniótico para realizar la prueba.

¿Cómo se realiza?

Primero se desinfecta el abdomen con yodo. Posteriormente, el médico introduce una aguja delgada por el abdomen y el útero para extraer una muestra del líquido amniótico. Se extrae de 15 a 30 ml, y se retira la aguja. La prueba dura pocos minutos.
Será el ginecólogo quien te aconseje si debes o no realizarte este prueba.

Al final, decidas lo que decidas, debes tener en cuenta que hay algunos riesgos:

– Sangrado, algo más habitual aunque de poca gravedad y en la mayoría de los casos se cura con reposo.
– Las infecciones o la rotura de membranas, son complicaciones menos comunes de este tipo de prueba.
– Aborto, el riesgo más grave y temido. Puede ocurrir porque al pinchar la bolsa amniótica existe el riesgo de que se rompa en las siguientes 48 horas, aunque solo ocurre en menos del 1% de los casos.
Incluso si llegara a pasar, la rotura se puede solucionar con reposo hospitalario.
Pasadas 48 horas, el riesgo de que vuelva a romperse es el mismo que si no te hubieras hecho la amniocentesis.