La seguridad de la epidural
La epidural se presenta como una técnica médica de gran seguridad. “Es el mejor método analgésico para el dolor de trabajo de parto”, apuntan muchos especialistas.

La consecuencia positiva más importante de utilizar la epidural consiste en el alivio completo del dolor de las contracciones y del periodo expulsivo, sin provocar una pérdida de conciencia de la madre, por lo que no le impide ayudar en el momento del alumbramiento del bebé pudiendo participar en cada instante del nacimiento de su hijo.

La doctora Fernández López de Hierro aclara la alta eficacia de la epidural en el tratamiento del dolor: “Disminuye el estrés de la parturienta provocado por el dolor, produce vasodilatación y reduce la hiperventilación materna”.

Sin embargo, previamente a elegir esta técnica, la futura mamá deberá informarse también de sus riesgos. Las dos vías más sugerentes para esto son las clases de preparación al parto y la asistencia a una consulta con un anestesista que, en algunos casos, se realiza justo antes de administrar la analgesia.

Cómo se administra

La anestesia epidural generalmente se coloca cuando la cérvix se dilata entre 4 y 5 centímetros. Primero, una aguja se inserta en el espacio epidural que rodea la médula espinal en la espalda, en la parte de abajo. Un tubo pequeño o “catéter” se enrosca y se atraviesa la aguja para llegar al espacio y se quita la aguja. El “cáteter” se fija de forma adhesiva a la espalda con seguridad, y permanece allí hasta que nace el bebé.

La aplicación de dicha anestesia se aplica con frecuencia en países como Alemania o Bruselas, pero en Holanda su uso no está generalizado, utilizándose únicamente cuando el médico lo considera necesario. Toda mujer ha de tener el derecho a elegir cómo quiere parir en cualquier país del mundo.