La tartamudez en la infancia
La ayuda de los padres es fundamental cuando surgen los episodios de tartamudez en los niños. No obstante, es un problema que suele corregirse solo.

En la mayoría de las situaciones en que el menor padece disfemia (o tartamudez) se corrige con la edad y casi siempre sin necesidad de intervenir. El problema, que suele empezar en torno a los dos o tres años, generalmente desaparece hacia los seis o siete.

Es conveniente que tengas nociones sobre cómo actuar ya que existen actitudes de los padres que pueden acentuar y prolongar la tartamudez o por el contrario, ayudar a superarla cuanto antes.

Actitudes positivas

1) Háblale despacito, haciendo pausas claras entre palabras. Como los niños imitan a sus papás en todo, él aprenderá a hablar más tranquilo y relajado y así tendrá menos problemas al expresarse.

2) Hazle preguntas de una en una y no todas a la vez, así los pensamientos no se le cruzarán.

3) Favorece que tenga una buena autoestima y ayúdale a superar aquellas situaciones que le ponen nervioso o por las que se siente incómodo y con las que probablemente tartamudea más.

4) Enséñale a alargar las palabras cuando se bloquee, si él ya es consciente de su problema. Así evitará la repetición de sílabas.

Lo que no has de hacer

Evita dar una excesiva importancia al tema. Los nervios y la inseguridad son potenciadores de los bloqueos al hablar. Por tanto, si transmites al niño una excesiva angustia por el tema, su tartamudez aumentará.

Elude mencionar delante de él que es tartamudo, primero porque las etiquetas son muy difíciles de quitar y condicionan el comportamiento y, segundo, porque minan la autoestima del pequeño lo que deriva en inseguridad.

Procura no interrumpirle mientras habla ni terminar sus frases por él, ya que eso rompe la concentración que para los pequeños requiere hablar.