La transformación producto del embarazo
Te acaban de confirmar tus sospechas: estás embarazada. Desde ahora los cuidados han de intensificarse: fuera tabaco y bebidas alcohólicas, vigila lo que comes, pon en práctica medidas para prevenir la toxoplasmosis y no tomes ningún medicamento sin consultar con el ginecólogo.

Vas a ser testigo de cambios extraordinarios en tu cuerpo a lo largo de nueve meses. Los cambios afectan a todos los órganos y sistemas. El sistema inmunológico se vuelve particularmente tolerante para acoger al pequeño ser que se ha instalado en tu vientre. Y es que durante el primer trimestre te acompañará el cansancio y la somnolencia, probablemente tendrás náuseas, vómitos y mal cuerpo. Las mamas han comenzado a prepararse para la lactancia: incrementan de tamaño y están más sensibles, la areola se oscurece y agranda. También surgen los antojos y manías sobre todo en cuanto a olores y alimentación. Los deseos frecuentes de orinar pueden resultar incómodos. El útero crece en el interior de la pelvis, presionando la vejiga urinaria y disminuyendo su capacidad para contener la orina.

Entre las semanas 18 y 22 notarás los primeros movimientos de tu hijo, que no te abandonarán hasta el día del parto. Es el momento ideal de que tu pareja sea partícipe del embarazo: su hijo es más real cuando puede notarlo bajo tu vientre. El amor paterno se va construyendo en estos primeros contactos.

Durante todo el embarazo el útero se contrae de manera irregular. En la recta final, es decir a partir del séptimo mes, deberás distinguir entre las falsas contracciones y las verdaderas. A diferencia de las auténticas, las contracciones de ensayo no duelen, no son rítmicas y no duran más de 40 o 50 minutos.

No es fácil dar con una postura adecuada para dormir. Apúntate estos trucos:
1) Una buena postura. Lo más aconsejable es dormir de lado, con una almohada sobre la que apoyar la pierna contraria a la que reposa sobre el colchón.
2) Una sana costumbre. Dar un buen paseo al atardecer.
3) Una cena ligera. Plato único a base de ensalada y pescado con patata hervida o arroz con verduras y queso fresco.
4) Unos minutos de relajación. Respirando profundamente mientras escuchas música suave.
5) Un remedio de siempre. Un vaso de leche caliente o una infusión de manzanilla y melisa antes de dormir.