Las satisfacciones que dan los hijos
Tener un hijo implica mucho tiempo de esfuerzo y de paciencia. Además, también implica un gran sacrificio en tanto que desde el instante en que una persona se convierte en madre o en padre, asume la preocupación constante por el bienestar del niño. Una preocupación que en cierto modo sigue vigente más allá de la edad del hijo. Sin embargo, se trata de un vínculo afectivo que aporta muchas satisfacciones desde la más tierna infancia. Sin duda, la primera satisfacción es la de ver el rostro del niño al nacer. El gran milagro de la vida hace acto de presencia en ese mismo instante.

Por otra parte, el sentimiento de ilusión también aumenta con las primeras palabras del bebé, los primeros pasos, el primer día de colegio. Sin duda, ver crecer a una persona es una fuente de asombro constante en tanto que los niños, en más de una ocasión, ofrecen grandes lecciones de vida a los adultos. Por ejemplo, ellos viven el momento, es decir, se centran en el presente sin pensar en el después.

A nivel académico los niños también ofrecen muchas satisfacciones a sus padres. Por ejemplo, una buena nota es un regalo. Al igual que el hecho de saber que el niño destaca en un área en concreto, por ejemplo, la música. En otras ocasiones, el mensaje positivo procede de boca de una tercera persona. Es decir, si por ejemplo, la profesora dice algo bueno sobre el niño en una reunión con los padres, ese mensaje se convierte en una fuente de orgullo ya que cualquier padre quiere que su hijo se comporte bien allí donde esté.

Pensar en las satisfacciones que dan los hijos es esencial en los momentos de disgusto o de dificultad porque, evidentemente, también existen. Sin embargo, se superan con paciencia, cariño y respeto.