chupardedo Los efectos de chuparse el dedo
Aunque resultaría muy extraño ver a un bebé fumando o tomando un café irlandés lo cierto es que los niños también tienen vicios que pueden resultar perjudiciales para su salud. Uno de los más extendidos en todo el mundo es el de chuparse el dedo, y hasta ahora eran pocos los padres que se preocupaban por ello.

La manía de tener en el dedo en la boca puede comenzar antes del nacimiento o durante los tres primeros meses de vida y suele mantenerse hasta los dos años. El dedo preferido por la mayoría de los niños es el pulgar, pero existen casos en que el crío se decanta por otro, por varios o incluso por el puño entero.

Los bebés nacen con la necesidad de succionar, por lo que en los primeros seis de meses de vida, que coinciden con el tiempo de lactancia, es más que habitual que un niño introduzca algún dedo en la boca para consolarse cuando no tiene necesidad de comer.

Muchos de ellos lo hacen para obtener la seguridad que les aporta su madre o porque están enfermos, pero otros chupan su pulgar, simplemente, porque están cansados o aburridos. En cualquiera de los casos, los padres podrán actuar para que sustituya el dedo por otro objeto, como puede ser una manta o un juguete con el que entretenerse.

Al principio no es un vicio influyente en su crecimiento, pero si un niño continúa chupándose el dedo después de los cuatro o cinco años, podría tener problemas dentales en el futuro, ya que la presión que ejercen la mano y el brazo puede provocar que los dientes se inclinen y sobresalgan más de lo normal y que el mentón quede más atrás de lo que debería, lo que provocaría una excesiva separación entre el labio superior e inferior que podría impedir que el pequeño cerrara la boca con normalidad.