Los trastornos alimentarios se previenen en la primera infancia
“Mi hijo no come nada”, “sólo come bien lo que le gusta”, “si no le obligo solo come puré…”

Son frases que oímos con frecuencia a los padres –muchas veces angustiados- acerca de la alimentación de sus hijos pequeños. Todos los padres son conscientes de la importancia de la alimentación infantil, sin embargo, a veces conseguir que el niño coma equilibradamente parece una batalla imposible que acaba derivando en una rendición paterna (el niño acaba por comer exclusivamente lo que quiere y cuando quiere) o en una dudosa victoria obligando al pequeño a comer a la fuerza.

Muchos de estos problemas conducen a que los niños perciban una visión errónea de lo que es la alimentación; lo que con la llegada de la adolescencia puede llevarles a problemas mayores y graves. La alimentación es fuente de salud y energía, y como tal deberían haber llegado a entenderla al abandonar la niñez.

En la alimentación hay que educar con firmeza, pero educar con firmeza no es lo mismo que educar con rigidez, ni crear un ambiente tenso y malhumorado que convierta las horas de las comidas en un suplicio para padres e hijos. Con el niño que “come mal” hay que mantenerse recto pero dentro de un tono alegre y positivo, celebrando los logros y sin mostrar angustias ante los fracasos, como con cualquier otro aprendizaje que el niño tenga que llevar a cabo. ¿Reñiríamos a un peque a quien le está costando aprender a vestirse solo, por ejemplo? Pues con la alimentación lo mismo. Si un niño percibe actitudes negativas con la comida, tiene muchísimas más posibilidades de desarrollar en el futuro un trastorno relacionado con ella.

Ante la negativa de un niño a comer determinados alimentos, no conviene insistir cada día con ellos, ni mucho menos insistir durante varias comidas seguidas con el mismo alimento (“si no te lo comes lo tienes para cenar”), sino dárselos a probar de nuevo al cabo de un tiempo, a ser posible, preparados de otra manera.

El gusto de los bebés y de los niños va evolucionando y es algo que se educa a lo largo de toda la vida. Querer hacerlo de golpe y a la fuerza hace que la hora de la comida pierda su útil sentido de momento de comunicación familiar.