Maternidad madura
Cuando entramos en la década de los 20 años, la mujer tiene mucho ánimo, disposición para cuidar a sus hijos pequeños, soportar la presión de ser madre, con todas las responsabilidades que implica y además de que cuenta con mucha energía y dinamismo. Entramos en una etapa de la vida en el que la maternidad durante este período es muy bien llevada, siempre que no entre en conflicto con la vida laboral.

En la siguiente década, de los 30 a los 40 años, hay mayor probabilidad de embarazos complicados o de alto riesgo y esto incide en la pareja, ya que se traduce en tensión entre los cónyuges por los problemas para concebir hijos. Cuando una mujer alarga demasiado el momento de concebir, puede resultar frustrante intentarlo y no lograrlo a la primera. Por esta razón cuando consigue tener un hijo se vuelve aprensiva y sobreprotectora, esa actitud es el resultado del exceso de atención y sin darse cuenta influye negativamente en el desarrollo y personalidad de su bebé.

Es evidente que a más edad, sin duda la mujer aes más madura emocionalmente y tiene mayor disposición de ser una madre dedicada. Sin embargo, es fundamental lograr un círculo familiar equilibrado. Por ello se recomienda a las parejas que opten por tener dos descendientes, siempre y cuando esté dentro de sus posibilidades económicas, si la condición física de la madre lo permite y si el médico lo aprueba.

La mujer puede afrontar la maternidad según sea su condición social, ya que en la mayoría de casos tiene que salir a trabajar para apoyar económicamente a su pareja en el mantenimiento del hogar, esto provoca que los niños queden al cuidado de otras personas. Esto a su vez repercute en su formación y da como resultado la pérdida de valores morales. Algo que se puede evitar si se matricula en una guardería de confianza.