Los medicamentos que des a tu hijo deben estar prescritos por un médico o por un especialista en el problema que se le va a tratar. No pienses que los medicamentos son infalibles y que curarán de inmediato al niño, a veces, no son los más apropiados para el problema, o simplemente el niño necesita más medicación para más días.
Debes seguir las órdenes que te haya dado el médico a la hora de suministrar el medicamento al niño. Si te dice que se lo debes dar tres o cuatro veces al día no te compliques y hazlo así. Puedes suministrarle la dosis cada seis u ocho horas. También puedes darle la medicación después de levantarse, antes de acostarse y una o dos veces a lo largo del día.
A veces, tendrás que despertar al niño por la noche para darle la medicina. No seas perezosa y no pienses que por que se salte esa dosis no pasa nada, eso no es así. Recuerda que es para que la salud del pequeño mejore. Cuando vayas a darle la medicina, siéntale en tu regazo.
Háblale de manera cariñosa y no le pidas disculpas por darle esa cosa tan mala. Lo único que tienes que decirle es que esa medicina es la que le va a poner bueno y que gracias a ella pronto podrá jugar como antes. Si el niño tiene problemas a la hora de ingerir pastillas, intenta camuflarlas en algunas de sus comidas, no se dará ni cuenta.
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