
Todavía existe el temor de que a una madre le den un bebé que no es suyo por error. Eso hoy en día eso es prácticamente imposible, pues la madre está despierta todo el tiempo durante el parto incluso durante las cesáreas, y el padre también está presente en el parto y no le quita ojo al bebé.
En la misma sala de partos se le coloca al bebé una pulsera identificativa en la mano o el tobillo. Allí se pueden leer los datos de la madre junto con el número de habitación, por lo que hay que estar tranquilo.
Pero no sólo se hace eso, también se toma una huella del pie o mano del pequeño que se pone en el historial clínico y en los documentos de registro que prepara la matrona nada más nacer el niño. De igual forma se recoge la impresión dactilar de los dedos de la madre y del niño que se ponen en el Documento Sanitario Materno-Filial para que no existan dudas.
La pulsera lleva un sistema de identificación con un código de barras que porta el bebé en la mano o tobillo, en la pinza del cordón umbilical y en la madre. También se incluye el nombre de la madre, número de historia clínica, la fecha y la hora de nacimiento. Es un sistema permite que a través de su ADN se pueda indentificar el bebé, todo ello tomando muestras de la sangre del cordón umbilical.
Caundo el niño está en la habitación, el pediatra le hace pruebas. Durante esas pruebas siempre se le ve por una ventana para que la madre no pierda contacto con el pequeño, y cualquier familiar allí presente pueda verlo en todo momento para evitar un hipotético cambiazo o error.
Por todo ello hay que estar en todo momento muy seguro de que nuestro hijo es en realidad nuestro. Si a eso le añadimos el sentido innato de una madre para reconocer a su hijo, el resultado es más que evidente.
![]() ![]() ![]() ![]() |

























































