
Pensabas que era un simple juego y que pronto lo dejaría, pero te has dado cuenta de que tu hijo continúa mordiendo a todos los que se acercan a él. Lo primero que tienes que hacer es recordarle que eso que está haciendo está mal y que está haciendo daño a otra persona. Procura que tu voz sea lo más firme que puedas. Sácale del lugar donde ha mordido y mantenle unos minutos pensando fuera. Luego vuelve con él.
El niño debe entender que esa costumbre no está bien. Debes enseñarle que cada vez que haga eso, dejará de jugar antes con sus juguetes favoritos, no dejarás que vea la tele antes de irse a la cama, etc. Con estos castigos notará que ese acto no es bueno para poder realizar cosas que le encantan.
Si sabes que ya tiene esa costumbre, antes de llevarle a jugar con sus amigos explícale que no debe utilizar sus dientes para herir a otra persona. No le pierdas de vista cuando ya esté con sus amiguitos. Si le observas detenidamente, puede que veas cual es el problema por el que decide finalmente morder: no quiere compartir, quiere llamar la atención de otro niño, se aburre, etc.
Tu hijo puede querer llamar simplemente tu atención. Habla con él y explícale que tú estás siempre con él aunque no le estés mirando de manera continua. Hazle saber que esas reacciones suyas te ponen triste. Recuerda que este proceso puede ser largo y que tienes que tener mucha paciencia. No te preocupes porque seguro que se le va pasando poco a poco y todo quedará como una simple anécdota.
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