
Los niños deben cooperar en casa en la medida de sus posibilidades, es decir, de una forma acorde a su edad. Pueden recoger cada día los juguetes de su habitación después de jugar, cuidar el material escolar y tenerlo ordenado, poner la mesa o también, recoger la ropa en su armario… Sin embargo, en el otro extremo de la balanza se encuentran los casos de niños que asumen demasiadas responsabilidades, es decir, que hacen tareas de adultos.
Los niños no asumen estas responsabilidades por iniciativa propia sino que más bien, motivados por el entorno, tienden a madurar antes de tiempo y a ser excesivamente responsables. Así sucede por ejemplo, en el caso de aquellos hermanos mayores que cuidan de sus hermanos menores durante varias horas al día mientras los padres están trabajando.
Una situación familiar no siempre es fácil, es decir, a veces, por cuestiones económicas es imposible contratar a una niñera. Sin embargo, la realidad es que un niño debe de ser niño, tener tiempo para sus cosas, no sentir el exceso de responsabilidad sobre su espalda para poder centrarse en sus estudios y en sus objetivos a corto plazo.
También es verdad que de una forma natural, los niños que crecen en familias en las que existe algún tipo de tristeza, como por ejemplo, la enfermedad de uno de los progenitores, los niños por pura inercia tienden a desarrollar una sensibilidad más especial, se dan cuenta de lo que está pasando y maduran antes. Este proceso tiene sus puntos negativos pero también tiene muchos puntos positivos, por tanto, al final, cada persona debe asumir su propia historia y su evolución. Los niños que asumen responsabilidades de adultos también se muestran en los casos de aquellos peques que llevan llaves de casa desde una edad muy temprana.
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