
Tus esquemas cotidianos van a experimentar una profunda transformación con la llegada del bebé. Tener un hijo es una gran dicha y de buen grado harás frente a los cambios que se te avecinan.
Estás acostumbrada a dedicar la mayor parte del tiempo a la actividad profesional y a mimarte con esmero. Ahora todo gira en torno a la pequeña criatura que precisa de tu ternura, cuidados y atenciones diversas.
Tus preocupaciones se centrarán especialmente en percibir las necesidades del bebé. De sobra sabes por lo que otras mamás comentan que deberás poseer suficiente fortaleza emocional y física para levantarte con el niño, arreglarte para salir, trabajar la jornada completa y luego regresar a tu casa con una sonrisa para continuar realizando las tareas del hogar y atendiendo a los miembros de la familia. Afortunadamente ya muchas parejas tienen repartidas equitativamente las funciones a desempeñar tanto dentro como fuera de la casa.
Decides establecer un orden de prioridades en tu vida y te preguntas a ti misma ¿A qué doy mayor importancia; a mi vida personal y familiar o a mi faceta profesional? ¿Puedo prescindir de los lujos que me brindaba antes de la llegada de mi hijo?
Otra cuestión relevante es la relativa a la economía. Un bebé ocasiona gastos significativos…Muchas mujeres no pueden abandonar el trabajo precisamente porque necesitan que entren dos salarios en casa, el de su compañero y el suyo. En este sentido hay que plantearse si el trabajo es flexible y permite con frecuencia tomarse días libres en caso de que el menor enferme.
Si has optado por no trabajar, el hecho de que, durante unas horas diarias, el niño quede al cuidado de una niñera de confianza o personas de la familia, contribuye a que el bebé se relacione socialmente.
También existe la posibilidad de montar un negocio en el propio domicilio y contar así con ingresos económicos. Todo depende de su preparación académica, experiencia y por supuesto iniciativa.
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