
La ira es una emoción natural que explota en cualquier momento si no se aprende a controlarla. Hay que tener mucho cuidado de no confundir el control con la represión. Es decir, no es nada bueno desde un punto de vista emocional ni físico, reprimir una emoción y no vivirla. Los sentimientos deben salir a la luz pero está claro que pueden orientarse de una o de otra forma, de un modo más positivo.
Existen muchos momentos en los que los padres pueden sentir ira frente a su hijo: por ejemplo, cuando llegan agotados del trabajo a casa, y los niños no obedecen, cuando se vienen acumulando situaciones de estrés y de tensión en la propia casa, cuando el niño no para de llorar, cuando el peque no entiende el concepto de autoridad… Son situaciones normales y cotidianas de la rutina diaria que tal vez, representan el lado más difícil de la maternidad y de la paternidad.




























































