Parto inducido
Cuando continuar con el embarazo puede suponer un riesgo para el feto, para la madre o para ambos, se hace necesario desencadenar el parto de forma artificial. Aquí te presentamos en qué casos se recomienda, cómo se realiza y qué riesgos conlleva.

El tocólogo valora individualmente los aspectos particulares antes de elegir el medio para inducir el parto… Cada mujer y cada embarazo es un mundo.

Fundamentalmente, lo que determina el método a emplear es el estado de cérvix o cuello del útero. Para conocerlo se usa el test de Bishop. Palpando el cuello uterino, los profesionales valoran cinco características que indican si el cérvix está más o menos favorable para el parto:

– El borramiento (longitud del cérvix): para que se produzca el parto, el cuello tiene que ser fino y delgado.

– La consistencia: para que el parto evolucione, el cuello del útero debe ser blando.

– La posición del cérvix respecto a la vagina: en el parto debe encontrarse centrado.

– La dilatación, que puede ir de 0 a 10 centímetros.

– La distancia a la que se encuentra la cabeza del feto de la salida del canal del parto.

Se aconseja el parto inducido en los siguientes casos:

Rotura prematura de membranas. Cuando se rompe la bolsa de aguas, lo normal es que en poco tiempo aparezcan las contracciones y comience la dilatación. Pero a veces no ocurre así y la mujer no se pone de parto. En este caso el tocólogo ingresa a la gestante y la mantiene en observación de 12 a 24 horas, vigilando el estado del feto con motorización frecuente, y la protege de una posible infección administrándole antibióticos. Si en ese tiempo el parto no se inicia de forma espontánea, será necesario provocarlo.

Que el embarazo se prolongue en exceso. Si la gestación supera la semana 41+ 3 días (la edad gestacional se valora con ecografía) y la mujer no se pone de parto, se le induce.

Enfermedades maternas. Algunos trastornos que sufre la madre, como la hipertensión o la diabetes, pueden afectar a la salud del feto o de la propia embarazada si la gestación continúa. También justifican una inducción las patologías renales, cardiacas, pulmonares o hepáticas, algunos tipos de cáncer y las infecciones en el útero.

Meconio en el líquido amniótico. Si el tocólogo ve que el líquido está teñido de meconio (el feto ha defecado dentro del útero), será preciso finalizar la gestación, pues ello puede indicar que el bebé no se encuentra bien.

Crecimiento intrauterino retardado (CIR). El feto deja de crecer dentro del útero a un ritmo normal. Esto indica que se está produciendo alguna alteración que impide la correcta nutrición del pequeño, y que puede ocasionarle problemas serios de salud, incluso la muerte dentro del útero.