Problemas con los productos lácteos
¿Tu hijo ha tenido problemas gastrointestinales después de beber un vaso de leche o comer productos lácteos? Si se ha encontrado mal puede que el pequeño tenga lo que se conoce como intolerancia a la lactosa. Sólo en Estados Unidos, este problema afecta a un total de entre 30-50 millones de personas.

La intolerancia a la lactosa se produce en aquellas personas que carecen (o tienen unos niveles muy bajos) de la enzima lactasa. La lactasa, normalmente, descompone la lactosa en glucosa y galactosa, de forma que pueda ser absorbido por la sangre y así, puede ser utilizadas por las células para el buen funcionamiento metabólico. Cuando la lactosa no se descompone, atrae a los líquidos en el intestino, causando hinchazón. Cuando la lactosa no es digerida llega al colon, las bacterias reaccionan a los azúcares fermentados y absorbe el exceso de líquidos, aumento así la flatulencia.

Los síntomas que indican que un niño es intolerante a la lactosa son: náuseas, calambres, hinchazón, gases o flatulencia y diarrea. Estos síntomas pueden variar según la tolerancia del niño. Normalmente, los síntomas comienzan a aparecer entre la primera media hora y dos horas después de la ingesta de alimentos que contienen lactosa.

Para detectar este desagradable problema, los médicos pueden realizar al pequeño diferentes pruebas. Una de estas pruebas es la de la acidez de las de las heces del niño. La lactosa que se ha mantenido sin digerir y ha fermentado en el colon genera ácidos que son detectables en esta prueba. Otra prueba utilizada para el diagnóstico, es la de la tolerancia a la lactosa.