Psicología para madres manipuladoras y controladoras
Existen madres controladas y posesivas al extremo de no producir felicidad en sus hijos ni tampoco serlo ellas mismas. Una persona controladora, por su propio bienestar, debería tomar conciencia de que tiene un problema que puede corregir a nivel emocional para empezar a actuar de otra forma. Es decir, es indispensable entender que padres e hijos, a pesar de tener una relación cercana basada en el amor, en esencia, son dos personas independientes. Por tanto, cada uno tiene que tener su propio espacio. Y además, conviene recordar que el sentimiento de posesión no tiene sentido dentro del ámbito humano puesto que ninguna persona le pertenece a otra en tanto que el amor no significa tener sino libertad.

Es normal que una madre tenga un instinto protector hacia su hijo pero cuando este instinto se torna en control excesivo entonces, se corre el riesgo de caer en la manipulación emocional y en el chantaje. Por tanto, puede ser positiva la ayuda de un psicólogo para superar esta situación negativa para toda la familia.

Los hijos que tienen una madre controladora pueden arrastrar con relativa facilidad sentimiento de culpa y la culpa no es buena para crecer puesto que produce tristeza y dolor. Conviene recordar que una infancia traumática deja una huella profunda en el desarrollo de la personalidad adulta, por ello, en realidad, la mejor medicina para educar a un niño feliz es el amor. Un amor que permita al niño equivocarse y aprender de sus propios errores.

Una madre controladora tiene que realizar un ejercicio de introspección a la hora de analizar sus propios temores ya que cuando se desconoce la causa de un modo de ser es difícil adoptar un cambio. Cuando alguien quiere tener algo fuera de control es porque teme que las cosas se le vayan de las manos.