Qué pueden entender y expresar los bebés en el primer año
Desde el nacimiento hasta el año, el bebé pasa por las dos primeras etapas que le ayudarán a desarrollar su lenguaje. Las respuestas que los adultos ofrezcan a esas primeras manifestaciones comunicativas favorecerán –o no- el despliegue y la riqueza de las formas de comunicarse del niño.

De 0 a 8 meses, el bebé es un pequeño descubridor. Todavía carece de intención comunicativa, es decir, no tiene en mente la intención de comunicarnos cosas, aunque lo consiga. Llorar es una de sus primeras formas de expresión y comunicación; más tarde sonríe y aprende a devolver la sonrisa, detecta cuando alguien lo mira expectante y empieza a emitir sonidos de placer o de molestia, aunque sen balbuceos prácticamente sin vocalizaciones.

Más adelante moverá las manos para asir objetos cercanos o extenderá los brazos dirigiéndose a un adulto para reclamar su atención. Al final del periodo nota los cambios de volumen y tono en la voz de los adultos, y ya puede imitar el sonido o las expresiones faciales de los mayores.

Durante sus primeros meses de vida responde al tono de la voz del adulto, pero no comprende las palabras; sin embargo comienza a reconocer rostros, objetos cotidianos y voces. Comprende gestos sencillos y puede anticipar lo que sucederá en su rutina cotidiana respondiendo a sonidos que le son familiares (oír el agua de la bañera, oír el ruido del timbre de la puerta).

A los 8 meses aproximadamente, los bebés dan un salto importante: comienza su intencionalidad comunicativa. Coincide en ellos una maduración cortical con haber establecido relaciones de confianza con los adultos de su entorno. No expresa palabras comprensibles pero sí envía “mensajes” que pueden entender los adultos cercanos (quiere agua, por ejemplo).

Primero comprende las cosas que suceden en su rutina cotidiana y más adelante consigue asociar las partes del lenguaje que se repiten durante las mismas (¡al agua!, a comer…). Esto es fundamental porque lo primero que se desarrolla del lenguaje es la comprensión, paso previo a la aparición de balbuceos que imitarán las palabras que entiende.