Síntomas de neumonía infantil
La neumonía puede afectar la salud de los niños, siendo la edad un factor de riesgo. Existen algunos factores de riesgo que agudizan la posibilidad de padecer neumonía. Por ejemplo, aquellos niños que acuden a la guardería son más vulnerables por contagio. También quienes están expuestos al humo del tabaco en un ambiente de fumadores. Si el niño sufre algún otro tipo de dolencia crónica, también puede estar más expuesto ante una neumonía.

Sin embargo, más allá de los factores de riesgo, cualquier niño en perfectas condiciones de salud puede sufrir la enfermedad que presenta los siguientes síntomas. La lactancia materna durante los primeros meses de vida potencia la prevención frente a posibles enfermedades, una de ellas, la neumonía. En cualquier etapa, una alimentación saludable fortalece las defensas.

Síntomas de neumonía

La fiebre alta es uno de los primeros síntomas de neumonía. Igualmente, el niño puede tener dificultades para repirar con normalidad, pudiendo mostrar algún tipo de ruido en la respiración. Uno de los primeros síntomas de malestar en el niño es que su nivel de energía es más bajo, por tanto, no se muestra tan activo en los juegos y actividades de la rutina cotidiana. Busca el descanso por iniciativa propia, pero a nivel emocional, también proyecta cierta tristeza, fruto de ese malestar.

Además, la fiebre alta produce una sensación de malestar generalizado que afecta incluso al apetito. Es decir, el niño tiene menos ganas de comer puesto que sufre algunas moletias al tragar los alimentos. También puede padecer vómitos.

Síntomas de neumonía infantil

Qué hacer ante un posible caso de neumonía

Visita al pediatra puesto que como experto, puede concretar cuál es el diagnóstico específico y el tratamiento más adecuado. Es posible que el doctor recete al niño algún tipo de medicina que debe tomar en la dosis exacta. El pediatra junto con tu farmacéutico, son tus asesores de salud. Cuando el tratamiento hace el efecto previsto, comienza a notarse una mejoría a partir del tercer día.

Es importante que hagas un seguimiento de si el niño tiene fiebre o no poniéndole el termómetro, dos o tres veces cada día. Del mismo modo, recuerda que es muy positivo que el niño tome abundantes líquidos.