
En la Navidad es importante encontrar el equilibrio entre el descanso extremo o el trabajo. Es decir, los niños tienen que tener un tiempo para hacer los deberes, para ello, la propia rutina del hogar debe propiciar la concentración del niño delante de los libros. Por ejemplo, un buen momento para hacer las tareas es por la mañana cuando es más posible que no haya visitas en casa. Es decir, es comprensible que en medio del bullicio de la Navidad un niño no tenga ganas de estudiar si escucha la conversación de los invitados en el salón.
Por otra parte, también es importante ser flexibles y nada más comenzar las fiestas, los niños deben tener varios días en los que no hagan nada de nada. Es decir, deben cerrar los libros, guardar la mochila y olvidarse por completo de las obligaciones. Del mismo modo, al llegar la recta final de las vacaciones, en la última semana, es positivo ir adaptando poco a poco los horarios a los del colegio para que el niño se adapte a las horas de sueño y de comidas.























































