
El descanso es una de las claves del bienestar de cualquier persona, no sólo de los adultos sino también, de los niños. Sin embargo, los niños tienen que hacer frente a su propio miedo para dormir solos cada noche en su habitación y hacer frente a la oscuridad. La oscuridad potencia y fomenta los temores infantiles ante la aparición de posibles fantasmas y mostruos. Miedos que invaden también el sueño de los niños, de tal forma, que a veces, despiertan de forma repentina muy asustados como consecuencia de una pesadilla. Las pesadillas son la expresión menos agradable de un sueño puesto que producen emociones de angustia y de soledad.
Por mucho que a un niño le digas que no hay ningún fantasma debajo de la cama no le servirá de nada. Las pesadillas no son negativas puesto que a través de estas vivencias del plano inconsciente, el niño puede exteriorizar algunos de sus propios conflictos propios del proceso de crecimiento. Por ejemplo, los celos entre hermanos, la envidia y la rivalidad.

























































