
Llega un momento en la vida de todos los niños (o en la mayoría), que reclaman a sus papás tener una mascota en casa. Necesitan saber qué se siente al tener un animal de carne y hueso bajo su mismo techo.
Las mascotas pueden constituir un complemento importante para el desarrollo de los niños, tanto desde el punto de vista físico como afectivo.
Ellos aprenden a cuidarlas, llegan a conocer la importancia del cariño y el respeto hacia los animales, aprenden a dar para recibir y muchas veces la mascota se convierte en la mejor compañía para el niño, y en algunos casos en la única.
Es importante llegar a un acuerdo sobre qué animal será el más indicado. Si el que prefiere el niño no puede ser, debemos explicarle el porqué y encontrar alguna alternativa.
Si os decidís por un perro o gato, en vez de comprarlo podríais adoptar uno abandonado. Además de salvar vidas, estarás inculcando a tu hijo el valor de la solidaridad, y le enseñarás a valorar igual o más a su querido amigo, aunque este no sea de pura raza.
Y muy importante: el cuidado de un animal es para toda su vida y debéis ser consecuentes con ello. Si no podéis con esa gran responsabilidad, es mejor no tener ninguno.
Una vez decidido el animal que adquiriremos, tendremos que repartir las tareas que hará cada miembro de la familia, ya que el niño puede ser aún pequeño para encargarse de todas las tareas solo. Debéis aseguraros de que vuestro hijo se responsabilice de los cuidados que haya escogido.
En el caso de que la mascota muera, es importante aceptar la tristeza de nuestro hijo, entenderla y ayudarle a expresarse. No conviene quitarle importancia; quizá es la primera muerte que experimenta y puede costarle un tiempo asimilarlo. A veces, puede ir bien hacer alguna ceremonia para despedirnos del animal.

























































