Un papá ejemplar
Un padre ejemplar ha de estar al servicio de las necesidades de la madre que, a su vez, ha de estar al servicio de las necesidades del bebé. Por lo tanto, la figura paterna debe ocuparse de las siguientes funciones:

1. La organización de lo doméstico. La madre necesita delegar todas las tareas que no son imprescindibles para la supervivencia del bebé. De forma que el trabajo que da la casa, el cuidado de los hijos mayores, el dinero, las relaciones interfamiliares, las salidas al mundo y otras decisiones deben ser resueltas por otros.

2. La defensa del mundo exterior (de los consejos, críticas, sermones acerca de lo que “hay que hacer”). Alguien ha de resguardar el nido para que la madre disponga de suficiente silencio e intimidad.

3. El bienestar de la madre. Que apoye activamente la introspección de la madre, permitiendo que ésta confíe en su proceso interno, aún si él no comprende racionalmente lo que le pasa. Debe aceptar a la mujer devenida madre sin cuestionar sus decisiones e intuiciones sutiles. No es tiempo de discusión. Es tiempo de aceptación y observación, de contemplar cómo suceden las cosas.

La terapeuta familiar Laura Gutman señala:

El amor va por un lado y la ignorancia sobre la realidad de una cría humana, por otro. La desatendemos, nos enfadamos, imponemos reglas sociales mucho antes de que pueda ser un ser social, y eludimos las necesidades básicas de las que dependen para sobrevivir.

Hay que ser consciente de que las madres son personas reales con historias reales y, en general, llegan inmaduras a la maternidad, con historias difíciles. Muchas de ellas vienen con historias insatisfechas de su propia infancia y por eso están más atentas a satisfacer sus propias necesidades. Y lo mismo les ocurre a los padres. Una madre muy madura no se empareja con un padre inmaduro. Así que, en general, son dos individuos inmaduros.